Paco Umbral (1932-2007) decía que Camilo José Cela (1916-2002), era su profesor de energía. Pero tengo demostrado que el gordito español no era más que un triste colector de relámpagos. Lo digo por lo que se sabe hacía todos los días.
Al despuntar el alba, se subía al techo de su casa con la réplica de un cuadro de Juan Gris (1887-1927) sobre la cabeza. Y de pronto, para sorpresa de una multitud expectante a 130 metros bajo sus pies, gritaba: ¡Abajo coño los comunes!.
Al rito referido, le sucedían denuestos de toda raza, índole y escaramuza.
Siempre en contra de la administración municipal, a quien culpaba del mal gusto de los adornos navideños, y de la inexplicable ausencia de rayos, vasos de colores, viandas para la Fiesta de Año Nuevo y relámpagos enanos para los festejos conmemorativos de la fecha fundacional de la provincia.
Un día, sin predicción ni explicación meteorológica, un extraño alboroto de goterones implacables cayó sin mediación de juicio sobre su casa.
Llovía a cántaro y espada, como si estuviera todo derritiéndose el cielo, y como si un ángel travieso de luz, intentara sin fortuna quitarse la vida.
Fue entonces y cuando cuentan-, el otrora profesor de energía, pensó con seriedad dedicarse a otro oficio.
Ya no seré jamás lo que era, porque me convencí de que lo quiere Dios-, dicen que dijo entre dientes a sus más cercanos.
-Ahora voy a dedicarme al oficio pernicioso del asombro-, cuentan que le susurró a su segunda hermana.
Dicen que ahora cada noche se viste a oscuras de colores tristes frente a un espejo compasivo.
Que come caracoles crudos en una vasija de acero fundido y mal componte.
Murmuran que salta en la cama como un maldito lunático y que con los ojos fríos y las manos alertas, canta ¡Hosanna! ¡Hosanna!, mirando al techo y agarrándose al crucifijo que dice lo parió un temblor.
Alguien contó que la madre ha dispuesto para su acomodo; el recodo menos iluminado del traspatio.
Y hay quienes juran haberlo visto con un sombrero de algas mirando al suelo, imitando ademanes de sirena en cámara lenta.

