La verdad es o debe ser un bien común. Cuando este bien es conculcado por intereses espurios; se falta a la ética individual y se comete un pecado moral, que va en desmedro del entorno social en que se fragüe.
Escribir entraña siempre la implícita apropiación de lo refrendado.
Cuando en periodismo se habla de objetividad e imparcialidad, se alude a la cubierta superficial que sirve de molde a todo mensaje emitido.
Porque… ¿Habrá mensaje en tránsito mass mediático, que no evidencie el suspiro humano que le ha dado nacimiento?
En el ejercicio periodístico; la ética y la moral corresponden a un sistema de valores impuestos, vueltos principios desde la infancia. Cónsonos con creencias afincadas en la época, que devienen preceptos estatuidos por la normativa.
De ahí que, a la ética, se le considere una rama de la filosofía y una ciencia normativa que se ocupa de la conducta humana, distinguiéndose de las ciencias formales y empíricas.
El sentido de lo ético y lo moral conforma una escala de valores contrapuestos, permeados sólo por el juicio y el discernimiento.
El periodismo, como un oficio secular de la transparencia; difunde y analiza las hazañas y los conflictos humanos, no escapando a la posibilidad de ser aprovechado como herramienta para contraponer ideas e imponer criterios, frente a acciones y actitudes de otros, que consideramos apropiadas o fuera de tono.
De ahí que se prevea en sus extremos, como el oficio más expuesto a lo que cada quien entiende como ético y moral.

