Escribo este artículo bajo el bombardeo de la salsa que nos agrede desde el medio día, en una supuesta discoteca que tenemos en la primera planta. Bombardeo continuo que solo se interrumpió con las restricciones del COVID, que nunca deberían caducar, para la paz de quienes habitamos en la Zona colonial.
Hablo de este bombardeo, porque es una de las razones por las cuales no puedo dormir, la otra son los bombardeos en Gaza, justificado como un derecho de Israel a la autodefensa, como si masacrar a mujeres y niños, las perennes víctimas de las guerras que inician los hombres en todas partes, fuera autodefenderse.
Las razones de esta guerra, según el líder máximo de la oposición política al primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, son su intento de evadir el juicio político pendiente que tiene por corrupción, con la provocación de conflictos con los palestinos, a los cuales desalojan de sus casas y tierras para crear nuevos asentamientos, en una política de exterminio y apartheid, que ha reducido la población palestina a dos millones de habitantes en Israel, y aumentado la población judía a ocho millones y medio.
Buscando corroborar esta acusación con la cronología de las guerras, o conflictos, entre ambos lados, si se nota que cada vez que se arma una coalición contra el primer ministro para sacarlo del poder, (lo cual por fin parece que sucederá), se acrecientan las agresiones contra la población palestina, y por ende la reacción del Hamas.
Difícil armonizar las imágenes del bombardeo de Gaza con las del Holocausto y el Diario de Anna Frank que nos marcó cuando adolescente, con la solidaridad que históricamente ha desatado el pueblo judío después del insano exterminio nazi. Si de algo debe servir el sufrimiento es para colocarse en el lugar del otro, para entender que el otro y la otra tienen tanto derecho a una existencia feliz como nosotros. Por eso digo que el ser humano no tiene remedio, porque en cuanto tiene algo de poder repite lo que antes criticaba.
Esta vez Israel ha perdido la batalla moral, no con las izquierdas, o los progresistas, sino con su propia gente. He visto las marchas de la juventud judía en todos los Estados Unidos en solidaridad con Palestina, porque ellos entienden que Israel no es el Sionismo; y la pérdida de apoyo de un 25% del público norteamericano. He visto las marchas en toda el África, sobretodo en Sur África donde tan bien conocen lo que fue el apartheid; en Chile, la Argentina, doquiera que la población palestina existe.
Otro Israel se levantará de estas ruinas, a fin de cuentas es el pueblo elegido por Dios. ¿O no?
Por: Chiqui Vicioso
luisavicioso21@gmail.com

