Opinión

JCE-PC

JCE-PC

Todo lo que ocurre en una campaña electoral en la que se disputa nada más y nada menos que el máximo poder de un Estado, debe evaluarse bajo el prisma de las reglas de la política, sobre todo, de las que rigen en países como el nuestro.

 En ese sentido, el impase surgido entre la Junta Central Electoral y Participación Ciudadana relativo a la observación electoral, no puede ni debe ser la excepción. Sería de ingenuos suponer que por el carácter no partidista de la organización de la sociedad civil, lo que estaba ocurriendo no tenía repercusión en la vertiente política del proceso.

 Esa expresión política del tema se reflejaba en dos vertientes fundamentales. Por un lado, le ofrecía a la oposición, de manera particular al PRD, un argumento para justificar sospechas de que el árbitro electoral no tenía la intención de ser transparente y que, en esa dirección, estaba obstaculizando la observación electoral que durante más de 15 años ha llevado a cabo PC con rotundo éxito.

 Por otro lado, y es lo más trascendente, dada la indiscutible vinculación que se hace de la JCE con el partido gobernante en función del origen de la constitución del organismo y la procedencia partidaria de la mayoría de sus integrantes, la primera circunstancia, es decir, el entorpecimiento al trabajo de PC, podía ser valorado por los electores como un propósito impulsado por el PLD con la finalidad de implementar acciones ilícitas antes, durante y después del certamen, lo cual, constituía una contradicción para un partido que se proclama seguro vencedor del torneo.

 Conscientes de esa posibilidad, el candidato oficial, a través del secretario general peledeísta, afirmó que no tenía objeción a la observación electoral de PC.

 Desde que eso ocurrió, y dado lo súbito que con posterioridad a esa declaración el presidente de la JCE recibió al coordinador de PC, no he podido evitar vincular ambas cosas.

 Resultaba evidente el mal manejo dado por la JCE al episodio, en especial porque sus reparos se resolvían con una llamada a PC. De ahí que valga preguntarse ¿qué tan especial sucedió que después del bullicio que se produjo, el presidente del organismo accedió a que esto tuviera el aparente final feliz que ha tenido?

 Los próximos días confirmarán si todo se redujo al intento de apaciguar un ruido inconveniente, o si nueva vez la ciudadanía disfrutará del encomiable rol de observador de PC.

El Nacional

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