Opinión

Jóvenes, ley y rebelión

Jóvenes, ley y rebelión

La ausencia del espíritu de rebelión que debe primar en la juventud, ha dado paso a una serie de hábitos degradantes de vida, situación que es generadora de transgresiones al ordenamiento jurídico, con su natural secuela de crímenes y delitos. 

 Es penoso observar la conducta de jóvenes que rinden culto a la superficialidad. Por ejemplo, los estudiantes del liceo Juan Pablo Duarte, otrora bastión estudiantil en la lucha contra la injusticia en la opresión del dictador ilustrado Joaquín Balaguer, presentan un cuadro ajeno a cualquier inquietud social.

 Existe un vacío existencial en jóvenes y adultos que se inclinan por el hedonismo, cuyo norte es el placer. Ahora la psicología ha extendido el periodo de la adolescencia hasta la edad de 25 años, criterio que aún no ha sido bien explicado.

 Numerosos suicidios de jóvenes de clase alta y media no se reportan en los medios de comunicación porque los familiares de los occisos impiden cualquier publicidad, pero la causa principal de los mismos es el afán de llevar una vida de apariencias, para lo cual asumen compromisos financieros que no logran cumplir y recurren al sacrificio físico.

 La degeneración de nuestros grupos sociales empezó a raíz de la intervención norteamericana de 1965. La penetración cultural, a través de la música y de los modos de vida de los invasores, permeó algunos sectores democráticos, como fue el caso de la provincia de San Francisco de Macorís, donde la droga fue utilizada como arma para seducir y malear a los disidentes.

 Muchos jóvenes de hoy se encuentran encarcelados en la pobreza espiritual, sin un propósito que tienda a su propia superación o al bien colectivo. El nihilismo juega un papel primario en una sociedad que necesita sacudirse para lograr cambios en las estructuras anacrónicas del Estado.  

El Nacional

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