El fallecimiento del Dr. Juan Manuel PelleranoGómez fue sentido por todo el país, de manera especial por los abogados y amigos que tuvimos la oportunidad de conocerle y tratarle. Otros que no tuvieron la ocasión de conocerle, le conocerán a través de su aporte extraordinario a la doctrina jurídica nacional. El Dr. Pellerano fue un jurista completo.
Es muy posible que el Dr. Pellerano me conociera a mí antes que yo a él. Tenía una profunda relación de amistad con mi papá, Salvador Jorge Blanco, que venía desde la época en que ambos eran estudiantes de Derecho en la Universidad de Santo Domingo. Esta relación se unió como el acero con el paso de los años. Siempre había una cita fijada, el día primero de enero, en la casa de Orlando Haza, en Jarabacoa, ahí se reunían los amigos de toda una vida.
“Más vale una pulgada de juez que un kilómetro de razón”
Yo le conocí a profundidad en los tiempos de desgracia política de mi papá. Fue en esa época que conocí su talante, extraordinaria capacidad, solidaridad, y sobre todo su ingenio jurídico, en circunstancias muy difíciles. Fue el Dr. Pellerano quien usó la expresión de que, en esa época, mas valía tener una pulgada de juez que un kilómetro de razón. Lo decía ya convencido de que el designio político de condenar a un inocente por razones políticas era más importante, a pesar de la inocencia del acusado. Expresión que tiene su vigencia hoy día.
La primera vez que en República Dominicana se habló del debido proceso de ley, bloque de la constitucionalidad, presunción de inocencia, derecho de defensa del acusado, el recurso de amparo y de la Convención Americana de los Derechos Humanos, lo hizo el Dr. Pellerano Gómez, y otros destacados abogados y juristas, que defendieron a mi padre. Después, ya en la década de los noventa, la Suprema Corte de Justicia acogió e implementó jurisprudencialmente el bloque de la constitucionalidad.
En ocasiones lo vi saborear sus mangos banilejos. Otras veces, los cajuiles solimanes de su árbol casero. La mayoría de las veces lo veía en su despacho, lleno de libros y expedientes. Pero, siempre lo veía con una sonrisa que demostraba su personalidad. Siempre firme, honesto, íntegro y solidario. Fue onstitucionalista cuando todavía quien gobernaba decía que la Constitución era un pedazo de papel. El Dr. Pellerano demostró todo lo contrario. Extraordinario jurista. Mi gratitud es permanente. Descanse en paz, don Maney.

