Opinión

Julia de Burgos la Nuestra

Julia de Burgos la Nuestra

En 1977 me dirigía, junto al poeta puertorriqueño Iván Silén, a un taller sobre la poesía de César Vallejo, y al llegar a las calles 104 y Quinta Avenida éste me dijo: “Aquí cayó Julia de Burgos”.

Entonces le pregunté eso que los dominicanos siempre preguntamos cuando la mencionan: “Quién es Julia de Burgos?, y me contó que era la mayor poeta de Puerto Rico, que provenía del campo, y que su poesía era extraordinaria. También me contó que después de caer, y de recogerla la ambulancia, a Julia la llevaron al Hospital Mayflower, que quedaba ahí mismo, entre las calles 105 y 106 y la Quinta Avenida y que allí no la aceptaron porque era hispana y la mandaron a un hospital de Harlem.

Esta historia despertó en mí, de inmediato, una gran solidaridad hacia esa mujer, que primero que todo era eso: una mujer, y luego una caribeña. De ahí surgió el primer poema a Julia…

Esta esquina

a la que había ignorado

como a cualquier esquina

se yergue ahora desnudándose

con una altivez desconocida

con una luz que la desdobla

 que la expande, que la activa.

Esta esquina

donde un sol intimidado por la profunda desnudez

 vacila

donde convergen en un uno pionero y solitario

las calles 104 y la Quinta Avenida S-las calles 104 y La Quinta Aven ida

nombró su lugar en el espacio

cuando en ella se posó Julia de Burgos

para habitarla en su retorno,

 de poesía.

Todavía no conocía a Julia como poeta, y mucho menos a la Julia de Burgos dominicana que solo unos pocos exiliados de nuestro país: Bosch, Miolán, Mainardi, Mir y el rival de de su Río  Grande de Loíza: Juan Isidro Jimenes Grullón, compartían.

“A esta hora de encrucijada a que ha llegado la humanidad podernos llamar la era de las definiciones. No de las definiciones de carácter lingüístico, sino de las definiciones de carácter humano que tienen su tronco en el hombre, y se esparcen sobre las colectividades en una dinámica social que rige el destino de los pueblos por el bien o por el mal. Estamos en la era de la definición del hombre.

No hay otro camino para el hombre de ahora, que situarse en una de estas dos alternativas. 0 se sitúa al lado de las fuerzas reaccionarias o escoge el camino del progreso que siempre es un camino de libertad, por más que quiera ser desvirtuado por demagogos al servicio de las fuerzas retrógadas de siempre. No hay punto medio para el hombre de hoy. Ya no caben especulaciones.

El Nacional

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