Karim Abu Nabaá, es un joven blanco, alto, delgado y rico que te sonríe con mirada socarrona, desde la página 3ª del Hoy en la edición del último domingo del 2012. Lo hace porque está seguro, se siente seguro, en un país donde el dinero ha sustituido la piedad. Lo detuvieron cuando llegó, en primera clase, por haber supuestamente amenazado a una pareja a quienes les compró un cuadro, en cincuenta y seis mil dólares y, además de no pagarles, los amenazó.
Ya en la cárcel denunció que estaban tratando de chantajear a su padre, exigiéndole una gran suma para libertarlo, lo cual la Policía negó. Su padre, que conoce cómo funciona la Policía Nacional cuando se les evidencia, prontamente negó el intento de soborno y al joven Abu le comenzaron unos mareos en prisión que determinaron su pronto (valga la redundancia) internamiento en CEDIMAT, donde un equipo de médicos le esperaba para, entre otras cosas, asegurarse de que no pasara el fin de año en prisión.
Otra fue la suerte de Edward Valdez (de VEINTE ANOS), quien transitaba por el malecón en una motocicleta robada, que estoy segura no vale ni siquiera la décima parte del precio del cuadro con el que Abu intentó estafar a la pareja que se lo vendió. Perseguido por los Topos (grupo que Domínguez Brito DEBE DISOLVER, si quiere que lo tomemos en serio), el joven se aterrorizó y salió corriendo, con tan mala suerte que se accidentó. Posiblemente recordaba, la persecución de aquel infeliz universitario, que, al verlos, vestidos de negro y seguros de su poder de matar, salió corriendo y fue fusilado en la casa donde buscó asilo.
¿Cuál es el rostro de Edward Valdez? No sabemos. ¿De dónde era? ¿Quiénes son sus padres? ¿Tiene hermanos? ¿Cuál su prontuario legal? ¿Cuál su nivel de educación? No lo sabremos nunca, porque los hijos del pueblo tienen menos valor que los perros, en esta cacería donde la Policía ha entrenado a un grupo de jóvenes, también de su edad, para que se crean dueños de la vida y la muerte de jóvenes de su misma extracción social.
La psicopatía es una enfermedad, no me canso de repetirlo, y mal hace la Policía en no depurar psicológicamente a tígueres que, de no estar vestidos como topos, posiblemente serían matones barriales de la peor calaña.
De Valdez solo sabemos que tenia 20 anos, otro desperdicio de su vida, y que estando a varias cuadras del Hospital de las Fuerzas Armadas, murió de sus heridas de accidente ¿y golpes? (por lo menos eso suponemos hasta que lo demuestre la autopsia, que HABRÍA QUE HACERLE) nada más y nada menos que en Naco.

