Decía el poeta salvadoreño Roque Dalton que había que llenar de bombas las noches de los imbéciles. Se refería el bardo, en realidad, a la necesidad de sacudir el imbecilismo de tanta gente. Gesta que, de alguna manera también persigue Koldo Campos Sagaseta (Iruñea, 1954), escritor afincado en Azkoitia y que, después de pasar más de veinte años residiendo en la República Dominicana y Nicaragua, país al que se trasladó en 1980 para participar en la campaña de alfabetización del gobierno Sandinista, acaba de presentar tres libros que ha escrito en los últimos dos años, ambos editados por la editorial Tiempo de Cerezas.
«Cronopiando en verso… y otras vainas» es el libro más reciente. En él recopila «una selección de poemas de distintos tiempos. Muchos son aforismos, canciones.
En el prólogo, Santiago Alba Rico, del diario «Rebelión», lo define como malabarista y tenista, pero «no juega al tenis con pelotas ni hace malabarismos con bolas de trapo, sino con bombas. Todos lo hacemos. Las palabras son ladrillos, las palabras son bombas. Todas estallan porque todas, dejan víctimas colaterales».

