Opinión

La agresión en carpeta

La agresión en carpeta

Al reactivar, en julio pasado, la IV Flota, los estrategas de ultraderecha no planificaron sacarla de actividad al final de la Administración Bush, apenas 6 meses después. Y, a estas alturas, es evidente que el presidente Barack Obama y sus asesores en materia de política exterior, mantienen la concepción de que América Latina es su patio trasero y coinciden con los estrategas de ultraderecha en la pretensión de que los recursos naturales de la zona estén siempre a disposición de Estados Unidos.

Robert Gates, secretario de Estado de Defensa durante el pasado gobierno y a quien, como parte de las negociaciones con la ultraderecha, Obama mantiene en el puesto, declaró recientemente que, más que las maniobras militares rusas en Venezuela, le preocupan las actividades “abiertamente subversivas” de Irán en América Latina.

Se refiere a ciertos acuerdos con gobiernos de Suramérica. ¿Con qué derecho pretende la Administración Bush, el gobierno de Obama o cualquier otro gobierno de Estados Unidos controlar la política exterior de los países de América Latina?

Gates es partidario de una política de sometimiento hacia América Latina. En el año 2007 felicitó al gobierno de El Salvador, dirigido por el ultraderechista Antonio Saca, por mantener tropas en Irak y por no poner objeción al mantenimiento de la base militar estadounidense de Comalapa. El servil Saca es un  vecino simpático, sinónimo de servil en el vocabulario de Gates.

La selección de James Steinberg como secretario de Estado adjunto, es otra señal de que Obama y su equipo buscan reforzar el servilismo.

Steinberg, además de ocupar durante la Administración Clinton el segundo puesto en el Consejo de Seguridad Nacional, ha sido analista de la Corporación Rand, que sirve al Pentágono en diseño de estrategias. Llegó a desempeñarse también analista del Instituto Brookings, uno de los centros encargados de diseñar la política imperialista.

“Nuestra relación con Venezuela debería estar diseñada para servir a nuestros intereses nacionales. Esto significa, hablar claro sobre cuestiones de interés para los Estados Unidos, buscando la cooperación donde es importante para nosotros, tal es el caso de la lucha contra el narcotráfico”, apuntó Steinberg hace 10 días.

¿Hay, acaso, más claras líneas para un proyecto de sometimiento? Busca que Venezuela se arridille, no que le hable de frente. La colaboración en materia de lucha contra el narcotráfico, es sólo  un pretexto simpático. En esa materia, son los funcionarios de Washington quienes fabrican y validan los expedientes.

“Tenemos la intención de desempeñar un papel más activo en América Latina, con un enfoque positivo, que evite dar excesiva importancia al presidente Cháfez y a sus tétricos intentos de dominar la agenda regional”, dijo Steinberg como si pretendiera secundar a la secretaria de Estado Hillary Clinton, su jefa, quien días antes se había expresado en términos similares.

Y añadió que harán una diplomacia clara con Venezuela, incluyendo contactos directos, “cuando eso sirva a nuestros intereses nacionales”. Todo esto fue dicho antes de afirmar que el Gobierno de Venezuela tiene vínculos con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC.

¿Y qué decir de Steinberg y del propio Obama, quienes aparecen identificados, más de lo que suponían los votantes en noviembre pasado, con la Administración Bush y sus planes de agresión?

Ya no hay duda de que es el Gobierno de Venezuela uno de esos “regímenes hostiles” suplidores de Estados Unidos. No hay duda tampoco (si  la hubo) de que, cuando Obama habla de depender en menor medida del petróleo de Asia y de Venezuela, el interés mayor no es beneficiar la economía de Estados Unidos, sino ahogar a Venezuela.

En esas líneas se inscribe el plan de hablar con Venezuela con la agenda impuesta por USA, y también la diplomacia “con contactos directos”, que anuncia Steinberg. Se trata de crear un ambiente de impunidad para asesorar abiertamente a los conspiradores, además de financiarlos. Agresores imperialistas, no importa el color que tenga su jefe.

El Nacional

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