POR EURIPIDES URIBE P.
Descalificar por falta de calidad moral, se ha hecho común como forma de pretender invalidar la opinión de quien discrepa con nuestros pareceres.
En el sector oficial es evidente este proceder que parece asumirse como norma general para enfrentar el disentir o anular críticas a los errores que se cometen.
Es recurrente referirse a errores cometidos en gobiernos pasados para tratar de silenciar a sus críticos de oposición con ese argumento.
Se conocen de mis vínculos con el gobierno de Hipólito Mejía, mi identificación con el mandatario y las polémicas que generaron algunas declaraciones que se hicieron aparecer como proselitismo político. Ahora esas expresiones se retoman para descalificar mi disentir.
Muchas honras fueron puestas en entredicho y muchos criterios manipulados por algunos comunicadores empeñados en crear una opinión pública favorable al proyecto político que defendían.
En cada juicio que hicieron algunos en aquella oportunidad, hay que establecer el deslinde entre la realidad del objeto de la crítica o la versión manipulada que emitían.
Hoy, con el fin de descalificar la discrepancia, aún se siguen validando aquellas posiciones que produjo el compromiso asumido.
Usted fue de los generales pepehachistas que se dedicaron a realizar proselitismo político a favor de la reelección de Hipólito Mejía, por tanto, no tiene calidad moral para criticar nada.
Esta es una repuesta frecuente que recibimos quienes en uso de nuestros derechos democráticos, solemos emitir alguna crítica a las acciones del gobierno. Es una desdeñosa expresión, que trata de silenciar la oposición, validando desaciertos y ocultando hechos punibles por más evidentes que sean.
Por las circunstancias adversas que le afectó, sus detractores han calificado al gobierno de Hipólito Mejía, como el peor que hemos tenido.
La fanfarria propagandística del gobierno actual, reitera que se manejó mal la economía; fue culpable de la crisis bancaria; irrespetó la institucionalidad militar; se aupó la corrupción; etc.
Se arguyen estos y otros argumentos para restar calidad moral al Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y a Hipólito Mejía y sus funcionarios.
Las críticas a este gobierno y los graves errores que ha cometido, especialmente en el aspecto de la corrupción, las desatenciones sociales, auge del narcotráfico y criminalidad, el irrespeto institucional, etc., se tratan de descalificar recordando el mal del pasado, mientras que no hay transparencia ni se rinde cuentas de lo que se hace en el presente, reaccionando con intolerancia ante la crítica. En lugar de salvar la propia moral con argumentos sostenibles, se acude a la falta de calidad moral del adversario para invalidar sus críticas.
Pero ¿Qué está sucediendo ahora? ¿Se tiene la calidad que se niega a la oposición? Si casi todos los errores atribuidos al gobierno de Hipólito Mejía, se han repetido en éste con mayor proporción, es obvio que se ha perdido la calidad para restársela o otros.
Aunque juró solemnemente cumplir y hacer cumplir la Constitución, el Presidente no hace honor a ese juramento cuando constantemente la viola en su ejercicio presidencial y lo mismo hace con las leyes adjetivas.
En su oratoria, frecuentemente reconoce el valor de la carta sustantiva y ha propuesto un fantástico anteproyecto de reforma constitucional que implica la elaboración de un nuevo documento. ¿No ha perdido también el mandatario la calidad moral para proponer reformas y exigir respeto a un documento que no respeta con los hechos?
Y en igual forma, ¿no pierde el Presidente la calidad moral para hablar sobre la corrupción de otros gobiernos, si es indiferente ante los múltiples casos que se han dado en los suyos, donde nadie ha sido llevado a los tribunales a pesar de las evidencias?
¿No debe cuestionarse la calidad moral del Ministerio Público para emprender acciones judiciales en contra de ex funcionarios de otros gobiernos si ha desestimado todos los expedientes a los funcionarios de éste, acusados de corrupción y tampoco toma iniciativa ante las denuncias?
Un Congreso que además de asignar partidas a los legisladores para un uso discrecional sin transparencia (Barrilito); que recibe dádivas de una institución del Estado (el bono de la Lotería Nacional); que legisla en su propio favor (aumento de sueldos), etc., ¿no perdería la calidad moral para su trabajo cotidiano de legislar y más, la calidad para alterar o elaborar la propia Constitución?
Tenemos una Cámara de Cuentas, cuyos jueces sustituyeron otros que fueron conminados a renunciar después de un escándalo mayúsculo por irregularidades de algunos de sus miembros.
A dos meses de estar en las posiciones, los actuales recibieron una bonificación navideña que no le correspondía y la cual debieron retornar al erario. Esta acción, ¿no le descalifica para la delicada tarea de fiscalizar el buen uso de los recursos públicos?
El mando militar que asumió el 16 de agosto del 2004, hizo ascensos a destiempo, propició reintegros irregulares, ascensos de cientos de generales y otras anomalías en los cuerpos castrenses ¿No perdieron la calidad moral para criticar esas mismas irregularidades al gobierno y mando militar anterior?
En cuanto a las iglesias, se deben mencionar los casos de religiosos envueltos en escándalos de pedofilia, homosexualidad, violaciones y hasta asesinatos y la tibieza con la cual la cúpula eclesiástica los maneja. ¿No restan calidad moral esos casos a las instituciones religiosas para ser guías espirituales y guardianes de los mejores valores en nuestra sociedad?
Los medios de comunicación, quienes inquisidoramente hurgan la moralidad general y la conducta de todos, señalan violaciones institucionales, la corrupción y las deficiencias de funcionarios y políticos, ellos no pueden librarse del fardo de una gran proporción de sus más conspicuos representantes, nominados en el gobierno como obvia recompensa a posiciones políticas asumidas en momentos de campaña, se le puede señalar lo mismo sobre su calidad moral para ejercer su compromiso social.
Es indeseable un estado de cosas donde todos se sientan con propiedad para pontificar, mientras tienen un comportamiento que niegan sus palabras. Su predominio sería el imperio de la hipocresía, donde se aceptaría la calidad moral de todo farsante. (El autor fue jefe de la Marina de Guerra).

