La semana pasada hubo en el país una reunión realizada entre contralores, contraloras y cámaras de cuentas en la que se destacó el tema del género y la rendición de cuentas, terminando el encuentro con una serie de conclusiones y recomendaciones sobre la aplicación de políticas de género a lo interno de las Entidades de Fiscalización Superior, así como la fiscalización del cumplimiento de las leyes de equidad y género, contenidas en la Declaración de Santo Domingo, un documento final de pareceres.
La declaración resalta el crecimiento progresivo de la participación de las mujeres en el ámbito político y social, llamando la atención a la necesidad de un ejercicio de fiscalización con enfoque de género que refleje acciones de desmonte de la inequidad.
La presidenta de la Cámara de Cuentas Dominicana, Licelot Marte, persona conocedora del género y las relaciones desiguales generadas en el plano sociocultural, habló de la importancia de cumplir con las leyes impositivas sobre equidad de género y la asignación de presupuestos que garanticen la equidad, recordando que cuando se violan las leyes, se viola la Constitución y cuando esto sucede, hay corrupción.
La reunión, a la que asistieron las contraloras generales de Cuba y Puerto Rico, así como la subcontralora de Chile, nos recordaron a las femócratas australianas de la década de los 80, que, sin tener una estructura feminista de grupos de presión activista, se infiltraron en los ámbitos burocráticos para romper el mito de que presupuesto, economía, contraloría y fiscalización en general, era cosa solo de hombres.
Desde entonces, el concepto de femócrata, refiere a las feministas que ocupan cargos en distintas áreas del funcionamiento gubernamental, para influir en las agendas políticas de los gobiernos y sus instituciones, promoviendo cambios que incorporen la perspectiva de género. En este sentido, el término feminista se amplia y abarca a todas las mujeres que reivindican derechos conculcados a las ciudadanas.
La subcontralora chilena, Patricia Arriaga, llamó la atención a que existen condiciones de derecho suficientes para que las mujeres no se automarginen y, por supuesto, solo hay que verlas a ellas, incluyendo a Licelot Marte, desafiando la tradición inveterada del sistema, para promover cumpliendo, con la rendición de cuentas.
En esta coyuntura electoral, con el despilfarro de millones al interior de partidos y partiditos, dedicados a pagar voluntades, directa o indirectamente, a través del jolgorio de las actividades politiqueras denominadas campaña, como pueblo extrañamos una fiscalización que acabe con esta costumbre masculina de hacer política y abogamos por más mujeres femócratas que controlen.
¡Felicitaciones a la Cámara de Cuentas y a su presidenta por el aliento a las ciudadanas, al decirnos que podemos y debemos!

