La creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) pudiera ser vista como un avance positivo que en el mediano plazo serviría para incrementar la integración comercial de la región, y quizás, eventualmente, llegar a mayores. Pero la realidad es que ya desde sus inicios demasiadas cosas pesan en su contra, y requerirá de mucho más que buenas intenciones y lindos discursos si esta iniciativa pretende llegar a ser más que una pose o gasto de tinta y papel.
El primer error en la creación de esta comunidad, es pretender establecerse como una alternativa o el principio del fin de la OEA. Aunque resulta claro que estas afirmaciones son otro más de los delirios de Hugo Chávez y sus presidentes, se debe comprender que si el punto de partida es ese tipo de retórica, el CELAC estará destinado a ser un ente irrelevante y sin resultados como lo ha sido el ALBA. El CELAC no va ni debe aspirar ser una alternativa a la OEA, el enfoque en el corto y mediano plazos no debería ser siquiera el mismo del de esa organización. El CELAC debe, en un principio y en las décadas por venir, concentrarse en el plano de la integración comercial.
Por otro lado, se deben asimilar las sensibles diferencias políticas y comerciales entre los países ubicados en el hemisferio Norte y los del Sur. Es poco probable que México y la mayoría de los países centroamericanos y del Caribe se animen en respaldar la retórica antiamericana que algunos países como Brasil, Argentina, Ecuador o Venezuela a veces pueden darse el lujo de emitir.
Una meta fundamental de este tipo de organismo debiera apuntar a unificar comercialmente los bloques del Mercosur, la Comunidad Andina, el CARICOM y México, algo que en si implicaría una tarea monumental, tanto que por momentos luce improbable. En la mayor parte de nuestros países la liberalización comercial no es la regla, sino la excepción. Aunque si bien podemos, algunas veces, tolerarnos políticamente, cuando de comercio se trata ya es costumbre que todos se saquen los guantes.
Finalmente, cualquier meta a la que desde el CELAC se pretenda llegar, dependería de la voluntad exclusiva de Brasil y México, las dos economías más grandes, y las más representativas de las diferencias entre los del norte y los del sur. La tibia recepción a la creación de este organismo mostrada por ambos países, contrasta sensiblemente con la algarabía de países más insignificantes como Venezuela, Ecuador, Nicaragua y Bolivia. La Comunidad Europea desde sus inicios solo fue funcional debido al interés que Alemania, Francia y Reino Unido tuvieron en su éxito, si México, Brasil, y en menor medida Chile y Argentina, no asumen el liderazgo dentro de la naciente organización como en su momento lo hicieron sus pares europeos, esta estará destinada al fracaso.
Por el momento no guardo muchas esperanzas por el CELAC, y así como en su tiempo entendí que el ALBA era (y hoy me confirma que es) una ridiculez, me temo que no pasará mucho hasta que esta corra similar suerte. La iniciativa en sí no es mala, pero el enfoque inicial y la ausencia de interés de los países realmente importantes parecen augurar un fin no muy distinto a organizaciones similares concebidas en el pasado, el fracaso. Ojalá me equivoque y se hagan las correcciones de lugar.

