La Iglesia católica conmemora hoy el Miércoles de Ceniza, inicio de la Cuaresma, período de penitencia, ayuno, reflexión, previo a la Pascua de Resurrección, tradición muy acendrada entre la feligresía, que asume con fervor la advertencia bíblica de que “…polvo eres y al polvo has de volver”.
El sacerdote marca hoy, con ceniza obtenida de la quema de palmas del Domingo de Ramos del año anterior, la cruz sobre la frente del cristiano como signo de contrición, una costumbre que data del siglo VIII, lo que simboliza la muerte y la vanidad de las cosas.
La Cuaresma, con sus 40 días y sus 40 noches, representa un propicio periodo para que Gobierno, clase política, empresariado y sociedad civil se sumerjan en profunda reflexión sobre qué hacer para despejar humaredas de incertidumbre que obnubilan el presente dominicano.
El liderazgo nacional debería asumir el sacrificio o penitencia del ayuno en todo lo relacionado con ambiciones desmedidas y discursos impregnados de demagogia, oportunismos o falsas expectativas, porque la sociedad clama por mayor voluntad de consenso y que se apague por siempre la tea de la discordia.
En el marco de la Cuaresma, el presidente Danilo Medina debe reflexionar sobre la trascendencia de cumplir su promesa de enfrentar la corrupción y desalentar la impunidad, así como la garantía de que el orden judicial no confrontara obstáculo en camino a administrar sana justicia ante todo expediente sobre prevaricación.
La oposición política tiene una deuda de reflexión en torno al saneamiento de su discurso y mensaje que debería estar más asociado con los anhelos de justicia, equidad y solvencia moral, que con la confrontación sin fundamento que no identifica soluciones ni promueve diálogo constructivo.
Un sector empresarial que no esconde sus excesivas ambiciones, está compelido a repetir la letanía sobre el polvo y la ceniza y asumir por vía de la penitencia y el ayuno las expresiones del papa Francisco de que la Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado.
Puede ser que “la habichuela con dulce”, el postre tradicional que identifica el tiempo de Cuaresma, sirva para endulzar tanta amargura acumulada y para promover en el seno de la sociedad dominicana el ejemplo de humildad, solidaridad y sacrificio que simboliza la cruz que hoy se coloca sobre tantas frentes ávidas de justicia.

