Semana

La Cuba  del presente

La Cuba  del presente

Lo verdaderamente trascendente no es como las cosas inician, sino como terminan o como la dejamos. Hará unos jueves, en “algo más que salud”, nos referimos al libro de Fidel y por arribita a la percepción nuestra de que la Revolución no se esta renovando para servirle a los jóvenes y a aquellos que por alguna condición particular no pueden ostentar cargos en alguna estructura del Partido o del gobierno. Fidel, si puede debe tratar de terminar como empezó.

A nadie le puede pasar por la cabeza que nosotros nos hemos sumado al coro de enemigos que tiene el proceso socialista cubano, todo lo contrario, pero hago nuestra la frase de Luís Franco: “El amigo que más sinceramente nos quiere es el que menos nos adula”.

En 1991, luego de nuestro primer viaje a Cuba (en medio de lo más negro del “Período Especial”), escribí que lo más trascendente de La Revolución Cubana, no era su avance en la Salud, la Educación o los Deportes, que eran sus caras de presentación, sino el haber hecho una transformación en el ser humano, haciéndolo más solidario, honesto y digno.

He vuelto en siete ocasiones más a Cuba, he recorrido tres veces el trayecto (en autobús) de La Habana a Santiago de Cuba, he subido dos veces la Sierra Maestra hasta alcanzar “El Turquino”, he programado y coordinado varios encuentros de salud y en cuatro ocasiones delegaciones de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) nos han acompañado a subir el pico Duarte (dos de ellas se alojaron en nuestra casa), por eso nos duele que este hermoso proceso, que es capaz de tener escuelas de un solo estudiante en lugares lejanos, y que los profesores se maten por ser los docentes de las mismas, se pueda perder.

Cuba, por lo menos La Habana, luce desmejorada, los barrios de La Habana vieja, se ven sucios, con sus calles dañadas, hay más jóvenes de ambos sexos prostituyéndose, son los llamados “desvinculados” que ahogados en alcohol y quien sabe que otra cosa, deambulan por los lugares donde andamos los turistas ofreciéndose y mostrando conductas indecorosas. Esos muchachos son los que con todas las oportunidades de hacer una carrera universitaria, se sienten frustrados al verse en el espejo de sus padres, que probablemente cada uno de ellos con dos o tres títulos sobreviven en medio de precariedades.

Esos no son los modelos a seguir. Las opciones más llamativas hoy día son adquirir nombradía en la estructura partidaria que garantice un puesto dirigencial bueno en el gobierno, preferentemente en el servicio exterior, acceder a algunos de los estamentos del turismo, no importa que sea como conserje de un hotel.

La otra opción es casarse con un extranjero(a) que lo ayude a irse de Cuba.

Pregunté a un amigo que tiene responsabilidades dirigenciales si ellos no se estaban dando cuenta que la situación del ciudadano común cubano estaba empeorando, que hay gentes recogiendo botellas, pidiendo limosnas, o simplemente enmascarando ésta en la venta de uno que otro alimento casero o artesanía, y la respuesta fue la ya manida de los efectos del Bloqueo, o que Cuba gasta mucho en su obra internacionalista o que las agresiones imperialistas socavan la economía cubana.

Esas son excusas relativas, lo que sí es cierto es que la Revolución ha ido construyendo dos clases sociales cada vez más diferenciadas entre sí: la de los que tienen alguna función política dirigencial o en el gobierno, y el resto que subsiste con lo básico, lo elemental, que a pesar de sentirlo disminuido es cien veces más que a lo que tienen acceso los pobres de mi país, pero creo que es tiempo de disminuir esas diferencias, y ahora que esta de moda el recordar los momentos gloriosos de la Revolución, a propósito del libro de Fidel, sus apariciones en público y el 57 aniversario del Moncada.

Quiero sugerir que la dirigencia cubana se aboque a un proceso de autocrítica y volver a los orígenes de la concepción del hombre nuevo, ese que clamaba “El Ché”, y por acciones como la que recrea la periodista Marta Rojas en el reportaje que siguió al juicio de los moncadistas (la que por cierto estuvo en la puesta en circulación del nuevo libro de Fidel), cuando responde Fidel a la pregunta de dónde habían sacado el dinero para organizar el asalto al Cuartel Moncada, este describió verdaderas acciones de desprendimiento: “Oscar Alcalde hipotecó su laboratorio por la suma de $3,600, y liquidó una oficina de contabilidad de su propiedad haciendo por este concepto otro aporte, Pedro Marrero vendió el juego de comedor de su casa, el refrigerador y el juego de sala, y no vendió el juego de cuarto porque yo se lo impedí… Abel Santamaría empeñó su automóvil, pero no fue solo ese su aporte: dio mucho más, por si fuera poco dio su vida…” (“La Generación del Centenario en el Juicio del Moncada”, página 34).

Yo no sé si se esta en un proceso de revisión del modelo socialista, si es así bien, y estamos dispuesto a colaborar.

El Nacional

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