A partir del día que presentaron en televisión las imágenes de una boa deslizándose por los techos de las casas, mi mujer vive en pánico y ha dispuesto medidas extremas para evitar que el reptil penetre a nuestra casa en Arroyo Hondo. No hay manera de convencerla de que es un reptil inofensivo; ella al igual que muchas otras personas padecen de «ofidiofobia» y para colmo, Ana la señora del servicio, nos dice que ese era «el pájaro malo» y como tal debemos aplastarle la cabeza.
El odio entre las serpientes y las mujeres es ancestral y se acrecienta con los absurdos e incongruencias bíblicas. Dios creó a Adán y Eva a su imagen y semejanza, les ofreció el paraíso pero les prohibió comer del árbol del conocimiento. Sin embargo, una «serpiente parlante» (génesis 3:4-14) motivó a la mujer prometiéndole que cuando comieran esa fruta, se abrirían sus ojos y conocerían lo que es el bien y el mal.
Desde entonces, los humanos nacemos con el pecado original. Aunque a la serpiente tampoco le fue bien, pues a diferencia de Adán y Eva, sin hacerle ninguna pregunta ni oportunidad de defenderse, le impusieron tres sentencias: 1. Maldita serás entre todos los animales; 2. Sobre tu vientre andarás, y 3. Polvo comerás todos los días de tu vida. No sabemos qué forma tenía la serpiente antes de arrastrarse por el suelo, pero el castigo de comer polvo nunca lo cumplieron, pues comen frutas, roedores y aves.
En Génesis 1,25-27 se dice que Dios creó los animales y después al hombre, pero Génesis 2,18-19 dice que Dios creó al hombre y luego a todas las bestias del campo, y toda ave de los cielos y además pidió a Adán que les pusiera nombres. Imaginen ustedes la tarea de poner nombre a todas las especies en el planeta. Por suerte, la biblia hace omisión a los dinosaurios y otros animales prehistóricos.
Con todo respeto, hay que sacar la religión de las escuelas e impartir una educación laica, con contenidos que apunten hacia el conocimiento científico, solo así saldremos del oscurantismo del Medievo y podremos convivir con esta y otras especies en peligro de extinción; además evitaremos que fanáticos religiosos sigan el consejo en Marcos 16:18 que dice que con la fe se podrá tomar serpientes con las manos, y aunque beban algo mortífero, no les hará daño.

