Es difícil establecer parámetros sobre la delincuencia que abate a la sociedad dominicana. Establecer un perfil con la edad, nivel educativo y otras características de la delincuencia, es tarea utópica, pues este mal social es una categoría variopinta y heterogénea dificultosa de enmarcar. Y es que en la conformación de la ideología delincuencial intervienen un conjunto de factores que se complican para desgracia del país.
Pero las ideas juegan un papel primordial en el accionar de las personas que toman el camino de conseguir riquezas por la vía violenta. Hay que reconocer que el fracaso del campo dominicano, hace ya más de una treintena de años, originó la diáspora hacia las zonas urbanas, conformando grandes cinturones de miseria, que luego el proceso de industrialización nacional fue incapaz de absorber. Muchos de los integrantes de esos grandes conglomerados humanos abandonaron la ideología de la clase media que consistía en ascender socialmente por la vía institucional (estudio, ahorro, emprender negocios), prefiriendo ser ariete de formas expeditas y no institucionales, en la consecución de sus objetivos, utilizando corrupción, la violencia y las drogas.
Las constantes crisis económicas de la sociedad dominicana, las cuales han empobrecido a sectores humildes del país, impidiéndole a la mucha gente realizar sus aspiraciones de ascender socialmente, ha traído como resultado el aniquilamiento de las cotidianas condiciones de vida de vastos contingentes humanos, recrudeciéndose la ideología del cohecho, la violencia y la corrupción, principalmente en grupos juveniles.
La deconstrucción de la ideología de la clase media, que era la mentalidad reinante hace décadas, ha sido directamente proporcional a la preponderancia de una cultura de lo fácil y rápido.
Hoy, la inveterada conducta delictiva requiere de respuestas complejas que contribuyan a la conformación de un pensamiento basado en valores humanos y aspiraciones institucionales.

