Opinión

La Era de Trujillo y la de Leonel

La Era de Trujillo y la de Leonel

La Era de Trujillo llenaba todas las formalidades de una democracia. Los tres poderes del Estado fueron representados,  como en las mejores farsas de  Broadway.

Rafael Leonidas Truijillo Molina ni siquiera tuvo que ser siempre el “primer mandatario”. Entre 1930 y 1961, fue ley, batuta y Constitución, a pesar de ocupar la  Presidencia nominalmente durante 18 años, cuatro menos que Balaguer y seis más que Leonel Fernández.

Operaban, con aparente legalidad, los tribunales, el Congreso, la Junta Central Electoral, la Cámara de Cuentas y los cabildos. Gracias a Trujillo, sus ejecutivos y componentes eran elegidos “libremente” cada dos o cuatro años. Todos acataban al pie de la letra la sagrada y suprema voluntad de este omnímodo faraón tropical. Incluso los cuatro “presidentes”  emergentes, postulados y votados a su amparo.

Sin distinción, juraban  lealtad, no a la Nación, sino a  Trujillo. La reciente Carta de los 26 senadores endosando todo su poder y carácter al presidente Leonel Fernández, es una triste réplica de aquellas odiosas manifestaciones. 

Y, como si  no fuera suficiente, el Senado vuelve sobre sus pasos “eligiendo” una Cámara de Cuentas atendiendo a un mandato de Leonel Fernández. Había hecho lo mismo para seleccionar los nuevos miembros de la Junta Central Electoral. Señales inequívocas de lo que ocurrirá al momento de seleccionar el Tribunal Constitucional y el Tribunal Electoral y revisar la composición del Consejo de la Magistratura.

Cotejando el perfil y comportamiento de los protagonistas de una y otra era política, se concluye en que hay pocas diferencias entre ambas, si es que las hay. Cuadro revelador de una gran debilidad institucional y un mayor atraso político.

Ya se ha dicho, si come y berrea como chivo, tiene pelos y cuernos de caprino y brinca como tal, no es otra cosa más que un chivo. Explicarse y justificar ambas etapas, como fenómenos especiales con tonalidades y matices, es tarea ociosa e inútil de diletantes. Lo obvio nos da en la cara, como esta vez.

El Nacional

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