El presidente de la República, licenciado Danilo Medina, redujo a seis el número de viceministros de las diferentes carteras de la administración pública, medida que goza del apoyo de múltiples segmentos de la sociedad, incluyendo a líderes políticos opositores.
Es una disposición positiva en término de interés nacional. Lástima que, adicionalmente, no se de eliminen las famosas asesorías, que se perciben como verdaderas botellas. A diario salen decretos que favorecen a personas que, por falta de cupo, se quedaron fuera de los cargos públicos, pero no de la nómina estatal.
Falta ahora esperar lo que haría el primer mandatario con la excesiva nómina del servicio diplomático dominicano en el exterior, donde los numerosos vicecónsules constituyen la sorpresa de los países en los que laboran.
Pero en el hipotético caso de que haya un recorte sustancial, de esos sacrificados servidores, la medida no dejaría de ser otro simple paliativo, porque el dinero grande (dinero del contribuyente) se lo llevaron los jerarcas del PLD, muchos de los cuales fueron ratificados en sus puestos y otros simplemente removidos.
Una de las personas señaladas por el dedo acusador de la población es un travieso senador, cuyo expediente fue archivado el día 15 de agosto. Sin embargo, Danilo Medina puede retomar ese y otros casos que estremecieron a la opinión pública. Es cuestión de voluntad.
Todo apunta, empero, a que los autores de la mafia de la construcción y todos los desfalcadores del gobierno pasado tienen su impunidad asegurada. Por lo que ha dicho y ha dejado de decir Danilo, se colige que el funesto borrón y cuenta nueva nuevamente se convierte en una amarga realidad.
Algunos no lo ven así y piensan que el presidente Medina irá haciendo las cosas gradualmente y conforme a las circunstancias. La esperanza es lo último que se pierde. Ya lo dijo Federico I de Prusia: El sueño y la esperanza son los dos calmantes que concede la naturaleza al hombre.

