Opinión

La estrategia nacional

La estrategia nacional

Aún si llegara a aprobarse el anteproyecto de Ley de Estrategia Nacional de Desarrollo reclamado por el Banco Mundial y el BID para continuar extendiendo sus facilidades al país, su ejecución conllevará muchos obstáculos políticos, sociales y económicos que pudieran impedir su cumplimiento. Esa realidad estoy seguro que no escapa a esas instituciones internacionales, por lo que resulta interesante o quizás motivo para preocuparnos, esta nueva postura asumida por ellas.

 La Ley de Estrategia Nacional de Desarrollo es un conjunto de buenas intenciones con el propósito de alcanzar metas definidas en un plazo de 20 años. No muy diferente fue el compromiso para las Metas del Milenio, que no sólo no cumplimos en el tiempo estipulado, sino que sabíamos que no  híbamos a cumplir, y nadie esperaba lo contrario en el momento que se pactó.

 Si bien estamos hablando de un plazo de 20 años, que para países económicamente estables resulta un tiempo razonable, para naciones volátiles como la nuestra la mayoría de las metas siempre va  a quedar supeditada  a una voluntad política o un blindaje a contingencias significativas que, en ambos casos, ahora mismo no tenemos.

 La inaudita exigencia del Banco Mundial, aunque en cierto sentido simbólica como las Metas del Milenio, debería llamar a preocupación en los corredores del Palacio Nacional y el Congreso, sin importar el partido que lo controle en el momento. De ser una posición seria, y con un deseo real en que se ejecute la estrategia, será un problema para todo el que aspire a llegar al poder a lo largo de 20 años.

 La República Dominicana es un país pobre y con serios problemas institucionales, pero no lo suficientemente pobre y desordenado para eximirse de hacer ajustes creíbles en su política de desarrollo como contrapartida por los créditos que recibe. Esto es todo un juego diferente al que vinimos jugando en las últimas décadas, donde fuimos perdonados por nuestra crónica dejadez.

 No considero que la aprobación de la Estrategia Nacional de Desarrollo encuentre mayores objeciones por el momento y en efecto la exigencia momentánea del Banco Mundial será acogida al vapor. Será ya en su ejecución, cuando la voluntad política y nuestras realidades económicas choquen con la estrategia que observaremos si esa entidad tiene una intención real detrás del proyecto o si solo es una pose.

 El incremento significativo de la presión fiscal  cómodamente por encima del 20% del PIB (en 20 años, más del triple de la recaudación actual) en un país que ha hecho una tragedia de un 0.5% del PIB y la expansión del gasto público que imponen la estrategia, no se van a lograr sin serios shocks económicos con sus naturales consecuencias sociales.  

Siendo totalmente franco, la única meta que entiendo debe asumir la República Dominicana para 20 años es no ser dependiente del FMI, el BID ni del BM. Pero los cambios estructurales en nuestra sociedad en todos los ámbitos requeridos para alcanzar ese fin me parecen tan profundos y políticamente costosos, que en 20 años todavía nos veo aguantando alones de moños desde el exterior. Quizás en 50 años… quizás.

El Nacional

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