Al principio de su primer mandato y en la primera reunión del Consejo de Gobierno Ampliado, el presidente Danilo Medina hizo que todos los funcionarios de su gabinete firmaran un documento conocido como Código de Pautas Éticas en donde, supuestamente, todos los funcionarios dentro tren administrativo, sin excepciones, se comprometerían a actuar de acuerdo a lo establecido en dicho Código.
Incluso el presidente Medina habló acerca de que con solo el rumor público sería suficiente para someter a la obediencia a cualquier funcionario acusado de una conducta inapropiada en el manejo de los fondos públicos.
Quien escribe, al igual que cientos de miles de dominicanos, se sintió muy a gusto al escuchar y leer esa decisión presidencial. Por supuesto, llegué a pensar que por fin un gobernante se acercaría al pensamiento ético de Juan Bosch.
Sin embargo, nada pasó. Parece que ningún funcionario temió a esas palabras y, mucho menos, a la firma del Código.
Lamentablemente, en los gobiernos del presidente Medina, los escándalos sobre el fenómeno de la corrupción en la administración pública no se han detenido. A tal magnitud que ahora mismo su candidato presidencial está siendo acusado de corrupción.
Para nada vale mencionar el nombre de Juan Bosch si en la práctica se ignora la transparencia y la ética boschistas. Quizás esas ausencias en la administración pública es que ha provocado que en diversas actividades se haya escuchado, al momento de sentir la presencia de algún funcionario, el fastidioso y nada gracioso grito de: «¡Buuuuuuu!».

