Definitivamente que existe una gran diferencia entre el licenciado Danilo Medina, candidato presidencial del partido morado; y don Hipólito Mejía, quien lo es por la organización blanca. Ambos han de tener por sabido que una cosa es el Gobierno como tal, y que otra muy diferente es el Estado.
Y como conozco a Danilo, confieso que él es poseedor de conceptualizaciones claras acerca del Estado. Sin embargo, tengo mis dudas con relación a Hipólito, no porque no lo conozca sino porque sus reiterados pronunciamientos pueden poner en peligro el deseo de invertir a los empresarios nacionales y a los extranjeros.
Sería oportuno hacer saber que, como país soberano y democrático, hemos tenido muchos gobiernos. Algunos han sido malos, muy malos, pésimos, de puros desorden y relajo; pero otros han sido buenos, muy buenos, de grata recordación entre nosotros.
Ahora bien, el Estado es el mismo; y lo continuará siendo hasta que dejemos de ser una patria libre e independiente.
De manera que podríamos afirmar que cambian los gobiernos; pero nunca el Estado. Y los gobiernos para fortalecer al Estado se ven precisados a realizar transacciones comerciales con los bajos, medianos y altos empresarios de la nación. Esto termina con un compromiso y una deuda.
Gracias a Dios, siempre ha sido de ese modo. Las deudas del Estado se pagan y punto. De no hacerlo, convertiríamos a nuestro país en una nación mala paga.
Imagínese que tengamos un jefe de Estado que se niegue a pagar las deudas y, como si fuera poco, que sea del criterio de que las deudas nuevas se dejan poner viejas.
Pues nada de asombro. Aunque no estamos viviendo en el Macondo de Gabriel García Márquez, ni en el pueblo de Comala de Juan Rulfo, Hipólito Mejía, henchido de confianza y sin ruborizarse, dijo de manera enfática que los proveedores del Estado cobraran ahora, porque él no iba a pagar dicha deuda. ¡Ofrézcome, vale!
Más confiado que nunca, insisto en que Danilo Medina ganará en la primera vuelta.

