Opinión

La gran diferencia

La gran diferencia

El planteamiento del expresidente de Costa Rica y Premio Nobel de la Paz, Oscar Arias, sobre la realidad de América Latina obliga a profundas reflexiones. Sin negar el papel de Estados Unidos, algo hemos hecho mal para estar como estamos.

Estados Unidos, desde que se consolidó como imperio, ha cometido inenarrables abusos en América Latina. Desde intervenciones militares, como las de aquí, Haití, Nicaragua, Granada y Panamá, hasta patrocinar golpes de Estado como el de Jacobo Arbenz, en Guatemala, y Salvador Allende, Chile, además de instalar en el poder a crueles dictadores durante la cruzada contra el comunismo. A pesar de los salvajes atentados contra el sistema democrático, Washington, como ha documentado Arias, no es el único culpable del infortunio de esos países.

La realidad es que la gran mayoría de estas naciones no ha cumplido sus deberes. Por ejemplo, dice Arias: “Hace 50 años, México era más rico que Portugal. En 1950 un país como Brasil tenía un per cápita más elevado que el de Corea del Sur.

Hace 60 años Honduras tenía más riquezas que Singapur y hoy –en cuestión de 35 o 40 años- Singapur es un país con 40 mil dólares de ingreso anual por habitante, mientras el ingreso per cápita de Honduras ronda los 2 mil dólares anuales”.

Para esa misma época –señala- cada ciudadano estadounidense era cuatro veces más rico que un latinoamericano, pero hoy en día lo es 10, 15 o 20 veces más rico.
Entre las causas del escaso desarrollo de la región siempre ha estado la educación, a tal punto que el genio de Simón Bolívar admitía que “nos han dominado más por la ignorancia que por la fuerza”.

A tal efecto Arias destaca que pocos líderes latinoamericanos se han percatado del problema de la preparación. “Un estadounidense además de su alta escolaridad”, sostiene el exmandatario, “se lee en su vida unos 1,600 libros, pero un latinoamericano, además de su baja escolaridad, en el mismo período se lee unos 120 libros”. Y vuelve a Bolívar como uno de los grandes referentes, quien decía que “un hombre sin estudios es un ser incompleto”.

La educación es un problema real, que en gran medida ha marcado la diferencia entre el desarrollo y el atraso. Pero hoy, cuando la culpa de la desgracia no se puede atribuir al tutelaje de Estados Unidos, a menos que sea como pretexto para justificar las ambiciones de poder, tienen estos países otro lastre que torna más pesarosa su existencia: la corrupción.

Y lo que es peor, una corrupción que ha hecho metástasis, porque en todas partes todos quieren ser ricos, pero no siguiendo el ejemplo de los creadores de Apple, Facebook, Amazon y otros grandes consorcios estadounidenses, sino de la noche a la mañana y sin el menor sacrificio.

El Nacional

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