Les confieso que no salgo de mi asombro frente a muchos cristianos, aquí y en todas partes. Van a misa los domingos, comulgan y te mencionan a Dios en cada conversación, como una coletilla, o cliché interminable.
Eso no impide que sean mezquinos, avaros, calumniadores, racistas, sexistas, pobrísimos seres humanos. Y siempre me he preguntado: ¿Cuál fue la formación religiosa que recibieron? ¿Qué pasajes de la palabra de Dios les enseñaron?
La respuesta que parece enarbolar los Estados Unidos es que no hay solo una palabra de Dios, o por lo menos, que la palabra de Dios siempre puede reformularse, revisarse, como han hecho muchas sectas, entre ellas el llamado “cristianismo nacionalista” hoy en boga en Norteamérica.
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Estas dos versiones de la palabra de Dios se enfrentaron recientemente cuando el flamante “Ministro de Guerra” Pete Hegset, solicitó 200 billones de dólares para financiar la guerra contra Irán, los cuales se debían recortar de los servicios sociales básicos para la población norteamericana, fundamentalmente la salud y la educación.
Tres veces divorciado y con múltiples amantes, esta caricatura de hombre buenmozo, a lo Hollywood, y expresentador de televisión, se atrevió a leer un pasaje del Viejo Testamento invocando la furia de Dios , su espada, rayos y centellas para derrocar a los “enemigos” de Norteamérica.
Su utilización de la palabra de Dios con fines guerreristas de inmediato provocó la reacción del Papa León XIV, quien le respondió enérgicamente que “Dios no bendice a quienes tienen las manos llenas de sangre”. Una postura que emula la de su antecesor, el Papa Juan Pablo II, quien vaticinó que la guerra en Irak era una derrota para la humanidad, enfatizando que la guerra nunca es santa y profesando un profundo dolor por las pérdidas de vida en un conflicto que demostró ser un desastre.
Juan Pablo también dijo que las armas nunca resuelven los conflictos y cuestionó la moralidad de utilizar la fe para justificar la guerra. Lo mismo hizo el Papa Francisco, invocando solidaridad para las víctimas de las guerras, para las minorías y libertad para los credos.
El Papa León XIV ha hecho un llamado al alto al fuego, un cese a los bombardeos y al uso de la diplomacia para poner fin a una guerra que amenaza la preservación de la humanidad.
La pregunta es para los católicos dominicanos, ¿Por qué no se han manifestado ustedes contra la guerra? ¿Pesa más la autopreservación que la fe que proclaman y los sostiene? ¿Dónde esta su amar al prójimo como a sí mismos? ¿Por qué no se han manifestado en el apoyo a la población cubana que hoy está siendo sometida a un feroz genocidio?
¡Por Dios!

