El escándalo de Cambridge Analytica y su participación en campañas de desinformación en al menos 130 países conforme lo reportan los medios The Guardian y Channel 4 del Reino Unido, revelan el lado negativo de la mal llamada “democratización de la información” que supuestamente brindan el Internet y las redes sociales. La semana pasada hablé sobre la propaganda que se bombardea desde esos medios, es llamativo que apenas días después estallara esto.
Las redes sociales brindan un montón de datos sobre sus usuarios que son empleados tanto por sus administradores (Facebook, Twitter, Snapchat, Instagram, etc.) como por terceros para diversos fines.
El más común de sus usos es colocando publicidad apuntada con precisión a personas con mayor posibilidad de interesarse en un producto en específico (tomando como base la información que el mismo usuario comparte en la red social), pero las mismas son empleadas para diversidad de objetivos que van desde estudios científicos, elaboración de políticas públicas hasta manipulación y propaganda.
El escándalo alrededor Cambridge Analytica que en adición a revelar las trampas de extorsión a políticos y funcionarios públicos con dinero y prostitutas, también revela como estos accedieron a los datos de 50 millones de usuarios de Facebook y como elaboraron publicidad y noticias falsas para influenciar en la elecciones de los Estados Unidos, creando medios de prensa digitales falsos y propagándolos con cuentas agitadoras falsas apuntando a los usuarios que estos entendían que eran más susceptibles a creerlas y a su vez compartirlas con sus allegados.
“La democratización de la información” significa que para el usuario ordinario del internet un titular de noticiasfalsas.com es tan válido como un titular del New York Times, que la opinión de un Juan de los palotes tiene el mismo peso que la de un experto y que toda información puede ser válida así como ninguna puede ser creíble.
Esto se extiende desde las elecciones de Estados Unidos, Brexit, el cambio climático, la guerra civil en Ucrania, las elecciones en Kenya y hasta algo tan cercano como la inmigración haitiana en República Dominicana.
Si bien el uso de perfilamientos psicológicos para fines políticos con información legalmente obtenida es éticamente cuestionable, esto no es ilegal.
Es aquí donde la prensa tradicional y los medios de comunicación que tomen con seriedad su trabajo deben jugar su rol y sirve como hoja de ruta de cómo deben manejar sus relaciones con sus lectores.
La democratización de la información debió implicar el acceso universal a información verídica, en cambio esta se ha convertido en una batalla de propagandas contrapuestas, queda en manos de la prensa seria servir de faro.

