Aladino vivía con su madre. Eran muy pobres. Un día llego a su casa un anciano que se presentó como el tío de Alí. En realidad era un brujo muy malo.
Se llevó a Aladino al desierto y le pidió que hiciera fuego. Luego arrojó un polvo mágico a las llamas y la tierra se abrió. Dejando al descubierto una cueva.
-Toma este anillo le dijo entonces el brujo a Aladino-. Te protegerá de los malignos que viven ahí. ¬-Baja y tráeme una lámpara de aceite que encontraras en el fondo de la cueva.
Aladino vio tantas piedras preciosas, que se quedó contemplando el tesoro durante mucho tiempo.
El viejo brujo, que era un impaciente, se enfadó tanto, que tapó la entrada de la cueva con piedras.
Aladino estaba muy asustado. Sin darse cuenta, giró el anillo alrededor de su dedo y . al momento apareció un genio bueno que le preguntó qué era lo que deseaba. Aladino cogió la lámpara, llenó un cofrecillo con piedras preciosas y le pidió al genio que lo llevara a su casa.
Su deseo se vio realizado inmediatamente y el joven le contó su madre todo lo que le había ocurrido. Como la lámpara también era mágica, Aladino se hizo muy rico y se casó con la hija del sultán.
Poco tiempo después, Aladino tuvo que viajar al extranjero. El viejo brujo, que envidiaba la fortuna de Aladino, aprovechó su ausencia para apoderarse de la lámpara maravillosa y le pidió al genio bueno que transportara el palacio de Aladino a África. Cuando Aladino volvió de su viaje, se dio cuenta de lo que había pasado.
Giró el anillo mágico y llegó enseguida a África. Logró recuperar la lámpara e hizo desaparecer al brujo. Desde entonces vivió con su esposa muy feliz, gracias al buen genio.

