No se sabe qué tan necesaria sea una ley religiosa, pero ya que se discute el proyecto no debe festinarse. Con razón los evangélicos han alertado que la pieza debe concertarse con la comunidad cristiana. Pero son todos los sectores los que deben ponerse a la expectativa para evitar que se afecte la libertad de creencia, que es un derecho constitucional.
Es obvio que la legislación no puede imponerse sin dialogar. Los evangélicos alegan que no están en desacuerdo con que se regule la prédica religiosa. Su preocupación, como la de cualquier persona sensata, es que se limiten acciones, a nombre del respeto a los derechos humanos, que beneficien a la sociedad “a través del crecimiento de la fe y la mejoría de la convivencia familiar”.
Por el rol que desempeñan todas las congregaciones deben ser convocadas para discutir un proyecto que tiene sus aristas. Alegar que las entidades tienen la obligación de sujetarse a la Constitución y las leyes no justifica en sí la pieza. Es obvio.

