Para filósofos como Montesquieu, Voltaire y Rousseau la libertad de expresión fue definida como una posibilidad de producir el disenso y fomentar el avance de las artes y las ciencias y la auténtica participación política en las sociedades.
Sin embargo, en la República Dominicana si pasamos revista a la historia social y política podemos afirmar que este derecho fundamental consagrado en el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 ha tenido sus altas y sus bajas.
Por ejemplo, el papel de la prensa y la libertad de expresión durante los primeros 12 años de los gobiernos que encabezó el ex presidente Joaquín Balaguer (1966-1978) fue un periodo de negación de este derecho fundamental.
El tratamiento ofrecido a los medios de comunicación escrito y de otra índole fue de absoluta hostilidad ya que se hacían presentes elementos oprobiosos como la represión, censura y las violaciones más vulgares a los derechos humanos.
De igual manera, se ponían de manifiesto otras modalidades como secuestros, prisión ilegal, desapariciones, represión, violaciones sexuales y otros elementos negadores de esa libertad de expresión.
Si hacemos una evaluación de esos tres periodos presidenciales sale a relucir la negación de este derecho al punto que se produjeron alrededor de mil 200 personas muertas, a causa de la represión y unas 11 mil víctimas directas e indirectas, que incluyeron opositores políticos, viudas, huérfanos y dolientes.
Ahora bien, en la actualidad a pesar de la República Dominicana disfrutar de un excelente clima de libertad de expresión sin restricciones lesivas, en el ejercicio de es e derecho aún persisten algunos muros culturales ya enraizados en la psiquis de los dominicanos que hay que eliminar.

