Increíblemente todavía hay personas que dan fiel seguimiento a las peripecias de la Liga Dominicana de Béisbol, pero tanto los equipos como los directivos de la Liga deben empezar a rezar para que los pocos fanáticos frenéticos que aún siguen el ejercicio masoquista de ver eso, no se les vayan.
Solía ser fanático de los Tigres del Licey, pero ya para el 6to campeonato que se repartieron entre Águilas y Tigres me aburrí de la pelota dominicana. De eso han pasado ocho años, divididos equitativamente entre esos mismos equipos. Me disculpan, pero no me interesa ver esa Liga.
El hecho de que no vea los partidos y no busque los resultados en los matutinos, no ha impedido a los frenéticos fanáticos de nuestras calles y nuestra radio hacerme saber de los últimos acontecimientos.
Me enteré, por ejemplo, que peloteros se fueron a los pelotazos y botellazos con fanáticos, que hubo heridos y sometimientos a la Justicia, como en tributo a la moribunda Liga de Basketball del Distrito, y que debido a que eso fue realizado por jugadores estelares de uno de los dos únicos equipos rentables de la Liga, no hubo sanción, ni un boche para guardar las apariencias.
Por igual un sinnúmero de decisiones cuestionables que han favorecido o a las Águilas o al Licey. No les culpo realmente, ya que hay que preservar hasta el final a los únicos dos equipos que mantienen el negocio. Pero ya están jugando a matar a la gallina de los huevos de oro.
Ignorando las risibles improvisaciones de la Liga, de por sí la organización del torneo es absurda y casi irracional.
Tenemos que someternos a un aburridísimo torneo regular en el que equipos batallan por los primeros 4 lugares de 6 posiciones posibles. Tras agotarse en ese absurdo ejercicio, el equipo que logró los mejores resultados recibe el mismo premio que el mediocre que quedó por debajo de la mitad en la tabla de posiciones: empezar desde cero en otra serie tan innecesariamente larga como la regular.
Hay una miríada de reglas absurdas que deslucen a la Liga, como reforzar a los ganadores con lo mejor de los perdedores, nada que ver con el espíritu de equipo, donde los que comienzan juntos terminan juntos y batallan para el beneficio del equipo.
Han dejado que el trofeo sea comprado, y el equipo con más dinero para pagar mejores jugadores se impone. Esto ha alejado fanáticos de los otros 4 equipos que parecen de relleno, y les ha creado aprietos para obtener patrocinios, que a su vez les condena a un círculo vicioso de poco dinero, peores jugadores, pocos éxitos y estadios desiertos.
Pero al parecer a la Liga aún le funciona esa fórmula, y hace lo diametralmente opuesto a lo que intentando las más exitosas ligas del mundo, que es hacer que todos los equipos sean competitivos.
De mi parte, mientras la pelota dominicana siga siendo un juego en el que participan 6 equipos y con un año de antelación se sabe que van a ganar Águilas o Licey, yo me seguiré deleitando mejor con el football americano. ¡Arriba los Arizona Cardinals!
ogomez@redpolitica.com

