Subestimar a Leonel Fernández es un grave yerro. Se trata posiblemente del político más fino que registre la historia social Dominicana.
Sus éxitos no son producto del destino. Cada cual fabrica su destino, dijo Miguel de Cervantes.
Es el único presidente que he conocido a quien los problemas de su gobierno y del país no se les atribuyen a él.
Lluvia de imputaciones de corrupción administrativa y vínculo al narcotráfico contra funcionarios civiles y militares, pero la mayoría de la gente percibe al jefe de Estado totalmente ajeno a esas cosas. ¡Inconcebible!
Nunca se le ha observado irritado o molesto, no se inmuta ni responde a acusaciones que involucren delitos atribuibles al Estado.
Prefiere el silencio, sin pasar a la defensiva y expone de forma excelente sobre aquellos temas que resultan favorables a su causa.
Con la tormenta Noel, pensé que la popularidad de Leonel se desplomaría. ¡Qué va! Mostró rostro de preocupación y volcó ayudas estatales a los damnificados y terminó subiendo diez puntos en los estudios de opinión.
Hace apenas semanas que la magia de Leonel pudo haber llegado a su fin, con los escándalos de narcotráfico que salpicaron a varios de sus más estrechos colaboradores, pero ahí se produjo el terremoto en Haití, acontecimiento que desplazó, de los espacios periodísticos, todas las noticias locales.
En los últimos días sólo se ha hablado del tema haitiano y Leonel ha jugado un papel protagónico, con su solidaridad, su cumbre y sus gestiones internacionales, lo que lleva al suscrito a la conclusión de estamos en presencia del político más fino de nuestra historia.
Tiene su magia.

