Opinión

La misma campañita

La misma campañita

Ya había echado de menos la campaña de descrédito contra el desayuno escolar que llevan a cabo todos los años representantes de la ganadería  con el objetivo de ocultar sus propias deficiencias. Se trata de una mascarada que oculta debajo de una pretendida preocupación por la producción nacional una forma mezquina de competitividad.

Lo original de este año es que en vez de arreciar los ataques al finalizar del periodo escolar, lo hicieron al inicio del nuevo.

En este país se denomina de investigación a un periodismo de denuncia, que, aunque juega un rol, dista mucho de ser lo que pregona. La intención de alimentar la audiencia con escándalos ha sido  aprovechada por los impulsores de esa campaña negativa, para llevarlos a empantanarse en absurdos como el de que se puede procesar suero desproteinizado en maquinas diseñadas exclusivamente a procesos UHT.

Si tal descubrimiento fuera cierto, a sus autores se les debe un  Nobel de química, porque en ninguna otra parte  se ha podido conseguir poner suero lácteo a 137 grados centígrados de 2 a 4 segundos, sin que el líquido  solidifique y dañe una inversión de millones de dólares en tecnología.

Este año los ganaderos dividieron su jornada de opinión en dos etapas, pero la primera, solo hizo asomar el rostro para quedar  desmentida. Querían hacer creer que estaban recibiendo graves perjuicios por las importaciones de leche en polvo y de suero lácteo,  así lo plantearon y a leer esa noticia un sorprendido director de Aduanas, con los libros de la institución totalmente abiertos, convocó  a los ganaderos y a todos los funcionarios involucrados en esa temática para examinar la denuncia.

¿Qué pasó en presencia de los secretarios de Agricultura, de Industria y Comercio, Administrativo de la Presidencia y los directores de Aduanas y Ganadería? Que se comprobó que la aseveración era totalmente infundiosa. En un año que debieron entrar 37 mil toneladas métricas de leche importada (32 mil comunidad Europea y 5 mil DR CAFTA), apenas habían ingresado once mil. Tenían que  buscar otra excusa.

Anulada esta argumentación, volvieron por la tradicional: plantear que se mercadea  leche que no es leche y que ésta se suple al desayuno escolar. Una aseveración tontamente alegre, mezquina e irresponsable.

Lo que subyace  es una guerra contra una empresa con la que se debería competir igualando o superando la calidad y la eficiencia que le permiten producir 22 mil unidades por hora frente a las 4 mil que puede producir la competidora mas cercana, lo que junto a otros elementos les da la economía de costo que a su vez le permite llegar  con óptima calidad a menor precio.

Para este año se requería un millón 553 raciones diarias de leche saborizada. Para asignar las raciones el secretario de Educación convocó a  las empresas suplidoras,  y les pidió, dejando a Ladom para último, que le presentaran por escrito la cantidad de raciones con la que estaban en capacidad de comprometerse,  fue leyendo una por una y asignándole la totalidad de las raciones. La que más, llegaba a 200 mil. Las raciones restantes   fueron asignadas a la empresa que puede producir dos millones diarios de raciones, que es la única  en capacidad de cubrir la cuota faltante cuando otra de las suplidoras tiene alguna dificultad.

El Nacional

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