En los últimos eventos electorales los dos partidos mayoritarios han alcanzado más del 90% de los sufragios. Al día de hoy, conforme a las encuestas de opinión, mantienen la misma proyección respecto al proceso eleccionario del año entrante.
Y no se vislumbra cambio en el panorama ni el surgimiento de una opción electoral diferente. La gente volverá a votar por el PRD y el PLD, por lo que se desprende que el próximo presidente de la República provendría de una de esas dos organizaciones, entidades que constituyen grandes muestras de lo que es la sociedad dominicana, con grandes defectos y virtudes.
No hay, pues, que satanizar al PLD ni al PRD. En ambas organizaciones hay personas honorables, en capacidad de hacer aportes significativos al país, en el hipotético caso de ascender a la presidencia de la República.
Ese no es el caso del doctor Leonel Fernández, quien ha tenido el privilegio de gobernar al país en tres oportunidades, sin resolver uno solo de los problemas cardinales de la sociedad, entiéndase educación, salud, energía eléctrica, seguridad social, empleo, vivienda y seguridad ciudadana.
¿Para qué pretende reelegirse, valiéndose de maniobras cuestionables en término legal? ¿Para hacerle más daño al país? ¿Por temor a ser llevado a los tribunales por razones obvias? ¿O teme ser extraditado? En su caso se esconde la ambición insaciable y el temor.
Otra de las posibles opciones es el señor Miguel Vargas Maldonado, a quien pretenden ofertar como estadista. ¡Válgame Dios! Lo he dicho en múltiples oportunidades: ese caballero carece de historial político, aunque por mucho tiempo haya militado en el PRD, no es un empresario transparente ni tiene propuestas claras sobre los problemas del país. ¡Apelemos a otras opciones y no repitamos la misma historia!

