Sintiendo ya algunas ráfagas de lo que nuestro presidente avanzó en su viaje por Suiza, La India y otros, volvió el visionario jefe del Estado a denunciar que se avecina un nuevo malestar, también por el agiotismo y la especulación con ciertos productos que han disparado sus precios como el maíz, el trigo y otros de la comida, y ello creará en los países en desarrollo carestía, que arriesgará la paz y la gobernabilidad.
Efectivamente, nos llegan ya ráfagas de protestas y problemas como los casos de Túnez y Egipto, y ni hablar de Haití, México y otros que obligan a la clase política a mantenernos monitoreando. Nosotros analizamos como permite el espacio periodístico los trabajos realizados por el representante de nuestra política Exterior y su fina esposa y la Comisión que le acompañaba, sobre el ultimo viaje presidencial el cual apoyamos públicamente.
Hoy quiero reseñar dos muertes que me han impactado: la de un médico prominente que asumió su carrera como sacerdocio, pues se dedicó a ayudar desvalidos junto al inolvidable Freddy Beras Goico, mi recordado padrino que este pueblo nunca olvidará. Sin parcialidad con colores políticos; me refiero al doctor Luis Cuello Mainardi, que Dios lo ubique en la vida eterna.
La otra es la de un hombre leal y honrado que con más de 30 años a mi lado como militar jubilado, Carlos Álvarez Ramírez, y quiero testimoniar que, habiendo tenido que dirigir desde muy joven varias áreas de trabajos como abogado, como empresario, como juez y como procurador, donde mis 73 años cumplidos no me pesan, todo lo contrario; nítido y dispuesto a comenzar y más cuando nuestro amado país, debe aprovechar tener un Jefe del Estado visionario, trabajador y actualizado, pero incomprendido todavía por muchos. ¡Una de las Incongruencias que da la política!
Pero volviendo al tema, Carlos Álvarez Ramírez fue una persona de condición humana fuera de serie. Miembro de una familia numerosa y digna, se ganó los mejores ascensos por su nítido historial militar sobresaliente al servicio del cuido de propiedades, de personas, y la seguridad nacional, y más cuando sus compañeros casi todos son generales. Destaco este detalle, porque a veces, con razón pasamos como injustos con servidores civiles y militares meritorios por su disciplina, rectitud y seriedad absoluta.
Hermano Carlos; decía Romain Rolland que crear es matar la muerte, y tú sembraste como pocos en estas vacaciones de la muerte que es la vida. Con respeto, dignidad, vergüenza, y amor al prójimo y al Altísimo, con tremendo sentido de la unidad familiar, como civil y como militar que honró tu familia y la mía, que jamás olvidaremos. Nos veremos en la otra vida, Carlos y don Luis.

