En la vida cotidiana suelen ocurrir situaciones que aun siendo de naturaleza distintas, acaban guardando relación. Tomemos por ejemplo la incursión de los virus en el organismo humano cuando el sistema inmunológico está muy débil.
Entonces ellos atacan con saña, provocan deterioro en la salud, y hasta pueden llevarse de encuentro la propia vida de su víctima. Este símil del virus encaja perfectamente en problemáticas, sociales y políticas, y en otros ámbitos como el profesional, familiar, entre otros muchos.
El pueblo dominicano, por ejemplo, precisa de que sea más trabajado en su autoestima como país, ya que con frecuencia se le lleva a estados de indefensión, pesimismo y la subvaloración. Vinculo esta reflexión con la reciente conferencia que, sobre La Educación en Cuba, que dictara en la Academia Dominicana de Ciencias, por la profesora cubana, quien incluyó también una crítica a la educación dominicana.
De la disertación los medios de comunicación reseñaron como idea central el señalamiento de que “La falta de idoneidad de los maestros dominicanos es el principal problema de la educación, y que nadie puede enseñar lo que no sabe”. Es decir, que en este asunto, para ella, estamos en “cero”. Sobre esta reseña hago el presente comentario.
Pongo en duda que una o un especialista dominicano aceptando una invitación de otro país, caiga en la soberbia de ir allí, a esa casa y aproveche para enrostrarle sus faltas o debilidades, pues entonces, ¿cuál es la delicadeza? Los términos empleados por la conferencista solo denotan arrogancia y complejo de suficiencia frente a un grupo y el país.
Es como si se estuviera usando el poder del conocimiento no para servir sino para apabullar y para enrostrar faltas, lo que conduce más bien a reforzar la baja estima y el complejo de inferioridad en las y los docentes.
La palabra idoneidad es un adjetivo que viene del latín “idoneus” y significa todo aquello que posee buena disposición o suficiencia para la cosa, y son sus sinónimos: apto, capaz, habilidoso, eficiente, inteligente y dispuesto. Las palabras son instrumentos al servicio de la comunicación, y ellas salvan, pero también hunde según el uso que de ella se haga. Por eso la falta de idoneidad así enunciada, en la conferencia, deviene en lenguaje violento y de poca creatividad.
