Opinión

La novela negra

La novela negra

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Apunta Hoskin que esto es lo que han hecho el inspector de Scotland Yard, Lestrade, creado por Arthur Conan Doyle, y antes que él Monsieur G., el prefecto de policía de París, de Edgar Allan Poe.

Foucault, en Vigilar y castigar: Nacimiento de la prisión, enuncia que en la novela Del asesinato considerado como una de las bellas artes (1827), de Thomas De Quincey, o en El Castillo de Otranto, de Horace Walpole (1764), “hay toda una reescritura estética del crimen, que es también la apropiación de la criminalidad bajo formas admisibles… [tratándose] en apariencia del descubrimiento de la belleza y la grandeza del crimen; [que] de hecho testifican que la grandeza tiene derecho al crimen y llega a ser, incluso, el privilegio exclusivo de lo realmente grande, [afirmando] que es la lucha entre dos puras inteligencias: la del asesino y la del detective”.

Y aquí es esencial recurrir a Tzvetan Todorov, quien en Tipología de la novela policial, ofrece acertadas pistas sobre su estructura y de las cuales señalo dos: a) La construcción de la trama sobre dos muertes; y b) La superposición de dos series temporales: el tiempo de la investigación que comienza después del crimen y el tiempo del drama que conduce a él.

En el Susurro del lenguaje, Roland Barthes pregunta al lector: “¿Nunca te ha sucedido, leyendo un libro, que te has ido deteniendo continuamente a lo largo de la lectura, y no por desinterés, sino al contrario, a causa de una gran afluencia de ideas, de excitaciones, de asociaciones? ¿No te ha pasado nunca eso de leer levantando la cabeza?” Al lector le podría, indiscutiblemente, suceder esto porque la magia de la narratología negra reposa, como todo texto novelado, en la intertextualidad, ese conector inconsciente del escritor que liga lo que escribe con referentes leídos, trasvasando en su escritura al lector.

En la épica, la acción descansa en la bravura, en la proeza legendaria, siempre relacionados con la intrepidez del héroe. La novela negra, aunque organiza el relato a través de la investigación de uno o más crímenes por parte de un individuo al que se denomina detective, se abre a variables arropadas, o por las corruptelas policiales, políticas, empresariales, o a problemáticas que tocan sentimientos como el amor, el odio, la pena y la envidia.

De ahí, a que la intertextualidad en las narraciones negras, esa absorción y transformación de textos que Mijail Mijalovich Bajtin (1895-1975) introdujo como materia de estudio en la teoría literaria y que la búlgara Julia Kristeva reivindicó para ampliar los espacios de la crítica literaria y la lingüística, ocupa ya un obligado referente en el peritaje investigativo que se desarrolla en este subgénero, y esa misma intertextualidad, el constante retorno de palabras que conducen a múltiples acciones dentro de la trama, en la novela negra opera como una escalera que sube y baja incesantemente para confundir, desviar, apostar y renegar de los hilos conductores escaneados desde las profundidades del alma.

El Nacional

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