EI 28 de junio de 2008 deberá ser un referente para historiadores, sociólogos, periodistas, políticos y todos aquellos interesados en la observación del comportamiento colectivo de las sociedades, para describir la democracia a la que muchos estamos acostumbrados. Ese día, en Honduras, fuerzas reaccionarias con oculto apoyo extranjero, pero de todos conocido, depusieron al gobierno legitimo de esa nación, dando paso a una «nueva» democracia que, de ser aceptada por la comunidad internacional, difiere totalmente de la descripción que le atribuían los griegos, al definirla como el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.
La noche del 28 de junio citado, fuerzas militares vulneraron groseramente la democracia hondureña al apresar, en horas de la noche, al Presidente Constitucional Manuel Zelaya, a quien sacaron de su casa en ropas de dormir, lo montaron en un avión y lo deportaron a Costa Rica. Nadie creía un hecho semejante. Todo el mundo suponía que la época de los Golpes de Estado había pasado a la Historia. Pero no fue así. Zelaya, tras muchos intentos, logro volver a Honduras, esta vez como asilado en la embajada del Brasil, desde donde comenzó su campana para tratar de retomar el Poder Constitucional.
Sin embargo, un gobierno dizque «provisional», a todas luces i1egal, organizo una «elecciones» ampliamente cuestionadas por ser fruto de la i1egalidad, de donde resulta que ahora Honduras tiene un «Presidente electo», ya reconocido por Estados Unidos y otras naciones. Esto ha provocado una crisis de credibilidad muy seria, que no podrá ser resuelta con «mediaciones» diplomáticas apoyadas por organismos internacionales inoperantes.
Hay que recordar que en 1963 Juan Bosch fue derrocado, tras de lo cual surgió un gobierno de facto que pretendía organizar elecciones para legitimar el Golpe, pero el pueblo reacciono contundentemente, respaldado por un grupo de militares honestos y constitucionalistas, produciéndose lo que ya se conoce como la revolución del 24 de abril. Las consecuencias fueron mas de 5.000 muertos y una intervención extranjera.
Nos aventuramos a plantear que la única salida transparente para resolver la crisis en Honduras, sería anular las elecciones recién celebradas por ser ilegales; reponer a Zelaya para que termine de cumplir su mandato constitucional y retorne la tranquilidad.

