POR UBI RIVAS
El programa denominado Reforma Agraria que promueve el Estado dominicano a partir del segundo Consejo de Estado presidido por Rafael Filiberto Bonnelly en enero 1962 se ha decantado, hasta hoy, en simples asignaciones de parcelas.
Recordamos que el primer asentamiento devino en las tierras apropiadas dudosamente por José Arismendy Trujillo Molina, el lúgubre Petán, en Juma, Bonao, que aún persiste en sus amplios sembradíos de arroz.
Fue ahí donde el entonces titular de Agricultura en 1963, y luego presidente Antonio Guzmán, inició la investigación arrocera en el país trayendo técnicos de la República de China en Taiwán.
El proceso de simple distribución de tierras intentando con ese pretexto denominar un proceso de Reforma Agraria es asaz cuestionable, por cuanto no representa ni puede producir tampoco, los resultados que el país requiere en ese menester cardinal para los bienes de consumo alimentario.
Conoce como pocos en el país el titular del llamado Instituto Agrario Dominicano (IAD), que no es instituto, que es ligeramente agrario y que de dominicano solo tiene el nombre, de los procesos exitosos que reportan las experiencias de Taiwán, Japón y el Estado de Israel.
En efecto, el ingeniero Frank Rodríguez ha disfrutado de las experiencias visuales y técnicas de esos tres procesos agrarios auténticos, y el reto estriba en diseñar una estrategia cónsona con los mismos y exponérsela a su mandante, el presidente Leonel Fernández, para la adecuación de los recursos e implementar el diseño y la logística nueva.
Frank Rodríguez sabe profundo, porque es experimentado, laborioso y capaz, que todo cuando exponemos es correcto y lo que está por verse es si se atreve a mostrar al presidente Leonel la osadía para enfrentarla a los retos de hoy, ante las respuestas nativas al DR-CAFTA, y los impulsos que el gobernante avanza con el sector agropecuario, en los momentos de la tragedia económica que abate a la humanidad, consecuencia de la avalancha de los empréstitos su-prime del sector inmobiliario norteamericano.
El presidente Leonel ha hablado de cluster agropecuarios, de cero impuestos al sector, de reducción a un 17% de las tasas de interés bancario, reanimación del FIDE, Banco Agrícola, incorporación BNV a esos menesteres, todo un conjuro de providencias, orientadas a potencializar la agropecuaria.
En su carta al director de El Nacional del 03 del presente mes de marzo el economista Francisco Dorta-Duque hilvanó una sugerencia de quilate rey para ayudarlo a la preocupación que vertebra esta entrega, exponiendo que las tierras del acusado de narcotráfico Quirino Paulino Castillo, en SJM, deben integrarse a una cooperativa y de ahí pautar el diseño nuevo para un IAD modernizado y apto para enfrentar el reto de hoy, no el papel polígrafo de 47 años harto obsoleto.
En consecuencia, el señalamiento de Dorta Duque, economista de raíz jesuita del colegio habanero de Belén, compañero de aulas del comandante Fidel Castro, debe tomarlo en consideración muy seria y rápida el presidente Leonel y transmitirla con un visto bueno a Frank Rodríguez, que sabe lo que tiene que hacer, y lo mejor, que sabe como hacerlo, claro, con los recursos necesarios para implementar el nuevo modelo de reforma agraria.
Cooperativas de productores de una nueva reforma agraria sin el diseño de hoy, superando las experiencias oxidadas de los moshavín y kibbutizn israelíes que Frank Rodríguez conoce desde las Alturas del Golán hasta Beersheva que le mostró Ariel Sharón cuando ejercía de titular de Agricultura antes de convertirse en el genocida de Sabra y Chatila en 1982.
La modernización de la reforma agraria es un segmento del cluster agropecuario de que habló el presidente Leonel, como el cluster turístico y las providencias deben pautarse ya, para que la modorra del tiempo no nos juegue una trastada.

