Me estuve riendo a carcajadas por varios días, después del anuncio, por la Procuraduría, de que con los fondos recuperados de Odebrecht se va a construir una nueva cárcel La Victoria. Una cárcel de donde no pueda escaparse de nuevo el condenado a 20 años que ya antes se fugó para formar una banda que asesinó a un grupo de choferes, enterrados en fosas comunes, para quitarles sus vehículos y venderlos en Haití.
Un pobre reo con incontinencia urinaria, a quien un compasivo guardián dejó ir a orinar al patio. Hay que estar atentos a la nueva banda que formará y detectar los auspicios, ya que se dijo que el asesino en serie, que se ha fugado ya dos veces, es un ex-policía.
El anuncio coincide con la declaración del procurador sobre la ampliación del listado de testaferros de la empresa brasilera Odebrecht, que ya no serán doce sino medio centenar, para los cuales la Cárcel Preventiva de Ciudad Nueva se remozó (con colores muy tiernos, nuevos baños y camas), y que para ese número no daría abasto, a menos que se adosen dos o tres nuevos pisos a la planta existente, lo que implicaría un tiempo mayor que el que se necesitaría para por fin llevar a esos corruptos a la cárcel.
De Radio Bemba se ha sabido que los abogados de la defensa del ex vicepresidente del Ecuador, y la del presidente del Perú, están estudiando el modelo dominicano para proponer que antes de que sus defendidos entren a la cárcel estas se sometan a reformas estructurales que garanticen su derecho humano al confort y la comodidad.
Imagino que el anuncio de una nueva Cárcel La Victoria es una invitación entre líneas a los culpables para que se dejen encarcelar, aunque La Procuraduría está corriendo el riesgo de que miles de hombres y mujeres desempleados, sin techo y sin comida segura cometan algún delito que facilite su ingreso al nuevo penal, donde posiblemente se asegure que la mafia Odebrechtiana no pierda la comodidad ala que están acostumbrados, y que de seguro incluirá:
-Aire acondicionado central.
-Comida a la carta.
-Servicio médico las 24 horas al día.
-Servicio de limpieza y lavandería.
-Suscripción a Netflix y sus series.
-Visita conyugal en espacios creados específicamente para esos fines, con yacusis, camas de agua, y lociones y aceites de todo tipo.
–Servicio de internet las 24 horas.
-Vinoteca.
-Ronteca.
-Musica ambiental.
-Servicio religioso para los creyentes, con capellanes con acceso al cardenal…
-Celular.
-Acceso a los medios de comunicación.
-Salida furtiva de la cárcel cuando la situación lo requiera.
Y, un gran arbolito de Navidad en la entrada, desde luego.

