Una no se levanta por la mañana, abre la ventana y ve asombrada, que no ha llegado el Renacimiento ni la edad Moderna. Las cosas van transcurriendo con lentitud, de manera natural van cambiando las mentes, las ideas, los argumentos. Y al parecer, lo que más influye en esos cambios, son las herramientas que nuestra especie inventa y usa. Uno de nuestros antecesores el homo habilis comenzó haciendo toscas hachas y esas herramientas supusieron inclusive cambios en su cerebro. Por el invento del motor de vapor, la revolución industrial cambió el mundo.
La mañana del siglo XXI encuentra a los humanos con instrumentos que están cambiando el signo de los tiempos. Le llaman, el cambio del paradigma. Uno de los cambios es la llamada globalización, que está sirviendo para intercambiar personas, culturas e información,. Hoy las sociedades han de ser abiertas, multiculturales e interraciales.
La preponderancia de los medios de comunicación, que según Gianni Vattimo han ocupado el lugar central de la sociedad, son creadores de pensamiento, valores y hasta de la misma realidad, ha ocasionado un debilitamiento del concepto de VERDAD. Son tiempos de relativismo, de opiniones diversas sin pretensión de describir la realidad total sobre las cosas. La red de redes, que comenzó conectando computadoras, ahora incluye celulares y decenas de artilugios que tienen en común su carácter digital y tiene una omnipresencia en la vida de los seres humanos contemporáneos.
¿Qué influencia tiene en la República Dominicana esta sociedad posmoderna? Sin haber digerido la modernidad, que implica la razón como eje, la ciencia como máximo desarrollo de ésta y el estado moderno como fruto político,
Se abre la ventana y se encuentra una sociedad aún con el hacha, (el machete) con la cadena de ensamblaje de la industrialización y medios de comunicación posmodernos. El asombro y al mismo tiempo la oposición constante ante nuevas ideas, visiones del mundo y la insistente y permanente mirada al pasado, parecerían indicar que la sociedad dominicana permanece sin engarzarse con el mundo y su devenir. En el lenguaje popular esas características se aceptan, se justifican y se expresan orgullosamente con el eslogan este es un país muy especial.
Sin embargo, un postmoderno descubrió que el modo más acertado de enfrentar la realidad es la ironía. Richard Rorty aconsejó la mirada irónica para ver lo que pasa en el mundo. A eso los dominicanos le llaman relajo y sin ninguna duda que son expertos.
¿Serán los dominicanos posmodernos sin saberlo?

