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La poesía de Díaz Goris

<P><STRONG>La poesía de Díaz Goris</STRONG></P>

Este poeta nació en San José de las Matas en 1966. Es profesor de varias asignaturas de las carreras de sicología e idiomas  en la Universidad Apec

Suicidio

En el suicidio de la mirada,

Escarceo de besos;

Ojos espadeando pupila en ristre.

Sangre núbil en la sonrisa de La Muerte.

El posludio de una voz

Bajo un pensamiento marchito.

Sueños machacados

En la saliva del Tiempo.

Manos como flores

En la alopecia sentimental  del Verbo.

Caricias conjugadas en la demencia,

Venas de sol recién desflorado;

Tu voz, como un pecado tuerto,

No me deja morir.

Labios senescentes en una bofetada de luz,

La piel sonora del Tiempo

Se arruga sobre mí.

Dedos que exprimen un cuchillo de ansias.

Misterios en falda corta en la limpidez del crimen.

Estamos como al principio:

Cópula de luz y oscuridad.

Paisaje

Sombreros de peces muertos

Regurgitan campanas de sal en el silencio.

Planetas menstruados por el miedo

Caen indecisos entre una voz marchita

Y un asta de cabello oscuro.

Filosos huesos de sangre ríen a carcajadas

Sobre el vientre de una navaja rubia y promiscua.

Veleidosa, la luz de un pensamiento anófeles

Se enreda como flor en las ranuras de tu mirada.

(Las lenguas de tus piernas

Son azules como un sueño en silla de ruedas).

Mariposas con piel de ocaso

Duermen enfebrecidas

Bajo el andamio sentimental

De tu seno (grande como un bostezo).

Gargantas de rojo aspecto

Carraspean jades bajo mi rostro.

Futuros orgasmos,

Con su carita angelical,

Rompen con malicia

La cruz de la Inocencia.

Pinos adolescentes

Se beben con malicia

La caricatura de una lágrima

En la senectud del olvido.

Clavos inocentes lamen mis venas;

Amargos halcones

Se posan en tus pestañas.

La vejez, en su cénit,

Sangra como una virgen desflorada por una nube.

Y cuando el Deseo se vuelve noche,

Deletrea la palabra Amén.

Visión

Un hombre todo blanco

Está sentado en un largo sofá todo azul;

Su cabeza reposa a su izquierda,

Aunque el lugar donde había estado la boca sonríe.

Al fondo, un sol amarillo,

Eclipsado por la Luna-tristeza

Brilla con poco fulgor.

El espacio está vacío;

El cielo es claro-oscuro.

Los ojos ausentes de la cabeza separada

Del cuerpo del hombre brillan.

¿Acaso ven algo?

La sonrisa invisible

Se sonríe a sí misma:

El hombre es un cadáver lleno de vida

Contemplando el universo antes de su creación.

La guadaña del Deseo cortó su cabeza,

Pero no hubo sangre

Ni  la habrá jamás.

El hombre está sentado, tranquilamente,

En el elevado laberinto

De la Eternidad.

El Deseo, que lo mató,

¿También lo hará inmortal?

El Nacional

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