Mientras a miles de agentes policiales los contribuyentes les pagamos para que luego los jefes los envíen a servir a empresas o personas particulares, en las escuelas públicas no hay policías para garantizar la seguridad de los estudiantes.
Recuerdo que una vez existía una policía escolar que servía tanto a las escuelas públicas como a los colegios. Ahora sólo sirve a los grandes centros educativos, donde acuden los hijos de los funcionarios, empresarios y legisladores.
Como siempre, los hijos de los pobres tienen que rascarse con sus propias uñas, y encargarse de la seguridad de sus hijos, aún en las escuelas.
Como el presidente Danilo Medina instruyó al jefe policial a que determine la cantidad de agentes que cobran sin prestar servicio en la institución, el mayor general José Armando Polanco Gómez debe tomar al primer grupo de policías de esos que cobran sin trabajar y enviarlo a las escuelas públicas, quizás de esa forma la sociedad recuerde algo positivo de su gestión.
En una ocasión el entonces ministro de Interior y Policía, doctor Franklin Almeyda, pegó el grito al cielo al recibir la información de que menos de 10 mil policías realizaban algún tipo de servicio. La nómina de la institución tenía registrado alrededor de 24 mil agentes.
Quizás ahora que se duplicará el presupuesto de Educación, con aquello del 4% del PIB, el Ministerio pueda formar una Policía Escolar, con personal especializado en el tratamiento con niños y conocimientos para prevenir la delincuencia.
Es sabido por todo que en muchas escuelas públicas, y unos que otros colegios, muchos adolescentes acuden con armas blancas y de fuego, infundiendo temores a los profesores y amedrentando compañeros.
En este proceso de revolución educativa prometida por el mandatario en su discurso de toma de posesión no debe faltar la Policía Escolar, sería un elemento de tranquilidad para muchos padres que envían sus hijos a las escuelas públicas.
Allí estudia el 83% de la población escolar del país.

