En Puerto Rico se supo de las imprudencias en que habían incurrido médicos que viajaron a Haití para socorrer a las víctimas del terremoto del 12 de enero gracias a los medios digitales. Fotografías de galenos disfrutando unas copas y exhibiendo armas de fuego se convirtieron en un escándalo al evidenciar, en medio de la tragedia, un alto grado de insensibilidad. Como ése, son muchos los otros casos que han trascendido a la opinión pública tanto en República Dominicana como en otros países como resultado de la gran labor que cumple ese nuevo canal, que, por suerte, representan los periódicos virtuales. Todavía con un largo camino por recorrer y con limitaciones propias de una sociedad subdesarrollada, por lo menos en el caso nuestro, en donde además se asegura que es más lo que lo que se divulga, los periódicos digitales ganan espacio en un segmento importante por la rapidez con que se atreven a difundir informaciones comprometedoras. El rigor profesional suele enarbolarse como una de las limitaciones de la prensa escrita, pero también hay otros factores que por lo menos en el caso dominicano la han tornado más conservadora para hacerse eco o investigar los entresijos de escándalos que sacuden a la nación. Cierto es que en ocasiones muchos periódicos digitales se comportan como libelos, pero hay algunos que se han erigido en referentes por la calidad y certeza de sus informaciones. A diferencia de muchos otros países en que la crisis económica ha llevado a grandes medios a fomentar la opción digital para bajar costos, en República Dominicana esos periódicos que amplían el abanico mediático se han convertido en auténticas alternativas. Tal vez jamás lleguen a sustituir a los impresos, pero si éstos no mejoran su contenido se pueden ver feos para la foto. Porque los digitales son una realidad.

