Opinión

La rebelión

La rebelión

Hace poco, en una declaración inusual, el nuncio apostólico en el país, Jozéf Wesolowski, consideró que la paciencia humana de los dominicanos puede terminar en cualquier momento. El prelado eclesiástico mostró su asombro por las bondades del pueblo ante el acorralamiento a que está sometido por la sinuosa precariedad de vida, generada por el gobierno del Partido de la Liberación Dominicana, incapaz de buscar soluciones a los problemas apremiantes.

  Hay quienes comentan que desapareció el espíritu de rebeldía de mujeres y hombres que lucharon por un clima de libertad y democracia. Muchos revolucionarios envejecieron y el cansancio los venció, algunos se quedaron en el camino y se dedicaron a cazar fortunas, vendiendo sus conciencias y otros optaron por la indiferencia.

   Las condiciones están dadas para un alzamiento popular que destruya las viejas estructuras del Estado, para dar paso a un porvenir con menos desigualdades sociales y mayor equilibrio en la distribución de la riqueza.

  Varios países han sido sacudidos por protestas sociales, surgidas espontáneamente, al margen de los partidos, rezagados en los procesos históricos. Varios gobiernos en el mundo árabe sucumbieron sin tener que disparar un solo tiro.

  Actualmente, se registran convulsiones sociales en Europa. En Gran Bretaña, miles de manifestantes fueron reprimidos y la policía detuvo a unos 700, mientras que en el segundo, el movimiento “Los Indignados”, crece vertiginosamente y sus acciones han puesto en vilo a las autoridades españolas.

  Aquí las masas irredentas están dormidas, quizás, por la proximidad de las elecciones. En realidad, hay pocas expectativas.

   Es oportuno recordar una de las motivaciones de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, cuando expresa: “Es esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y opresión”.

El Nacional

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