El día once del presente mes de febrero, el papa Benedicto XVI sorprendió a la comunidad internacional, de manera específica a la grey católica, anunciando su renuncia al trono de San Pedro, el primero que lo hace en la era moderna, considerando que el anterior renunciante, Gregorio XII, fue en 1415, hacen 608 años.
Renunciar a una posición, cualquiera que fuese, traduce claudicar a seguir enfrentando los retos inherentes a la condición humana y las responsabilidades en cada caso, considerando que desde el instante mismo en que palpitamos en el vientre materno, todo es reto, riesgo, responsabilidades y respuestas.
Así resume todo el accionar humano el esclarecido historiador inglés Arnold Toynbee al sentenciar que en la vida de los hombre todo se resume a reto y respuesta, mientras que su paisano Charles Darwin acotó que en los hombres, las especies animales y vegetales, solo los más fuertes sobrevivirán.
El Sumo Pontífice Benedicto XVI es evidente que se sintió acorralado y desbordado por un cúmulo de dificultades como nunca se presentaron a un papa, entre las que es menester incluir las constantes denuncias de pederastías incurridas por sacerdotes y obispos, provenientes de varios puntos geográficos del mundo.
Benedicto XVI confrontó desde el inicio de su ministerio el 19 de abril de 2005, grandes retos, algunos que heredaba, como los reclamos de amplios espectros de la sociedad planetaria, como derecho al aborto y la eutanasia, la unión de parejas de un mismo sexo (lesbianismo y homosexualismo), el control natal mediante el uso de preservativos, píldoras y el celivato.
Otros se generaron durante su ministerio, como los escándalos que estallaron en junio de 2012 al identificarse que el banquero del Instituto para las Obras de Religión (IOR), mejor conocido como el Banco Vaticano, Ettore Gotti Tedeschi, figura destacada del Opus Dei, a quien la policía italiana detectó vinculaciones con el lavado de activos, en documentos que la policía decomisó en su apartamento en el exclusivo sector de Piacenza en Roma y en sus oficinas de Milán. (El País 08-06-l2).
El 28 de septiembre de 2012, el mayordomo de Benedicto XVI, Paolo Gabriele, fue acusado por la policía italiana de hurtar documentos confidenciales del Vaticano, delito que conforme al código penal italiano vigente desde l889, se regirá por esas reglas, que empero, Benedicto XVI obvíó para que el affaire traumático cesara.
A cuatro días de Bendecito XVI anunciar su sorpresiva renuncia, los cables noticiosos internacionales informaban la vinculación de Ernest von Freyberg, presidente del Banco Vaticano en la construcción de navíos de guerra (fragatas) para la armada alemana, mediante la empresa de astilleros Blohn +Voss, que Freyberg preside. (Hoy l6-02-l2).
Benedicto XVI abandona el cayado de San Pedro saturado de grandes confrontaciones tanto externas como internas, conforme es posible apreciar en los pormenores de esta reflexión, pasando el relevo a su suceso en el pastoreo del 3l.5% de sus ovejas en el mundo, la mayor concentración religiosa, seguida por el Islán con el 23.2%, l5% hindúes, 7.l% budistas, 0.2 judíos y l6.3% sin filiación que son l,l00 millones de descreídos.
Humanas son las debilidades y limitaciones, nadie está obligado a lo imposible y lo superior a sus facultades individuales. Benedicto XVI expuso las suyas, defeccionando del trono de San Pedro en una coyuntura como la actual, insólita para la Iglesia Católica.
Aún más, el pasado 14 de febrero este mes, Benedicto XVI denunciaba la hipocresía y las divisiones de la Iglesia Católica, censurando que la iglesia está en ocasiones desfigurada por las divisiones dentro del cuerpo eclesiástico, un tono inusualmente cáustico de su estilo y de las reservas para la autocensura de que siempre se han cuidado los Sumos Pontífices.

