La primera vez que reaccioné con horror frente a una actuación de la Policía fue cuando descubrí que había una unidad que se llama Los Topos, aterrorizando los barrios populares, que había asesinado a un estudiante de la UASD y herido al señor en cuya casa se refugió, asustado por una persecución que intuía mortal. Dije en ese entonces que si Leonel Fernández hubiera sido estudiante en este tiempo hubiese corrido el riesgo de que lo mataran en Villa Juana, regresando tarde en la noche de la universidad.
La segunda vez que reaccioné horrorizada fue cuando aparecieron muertos por intercambios de disparos cuatro muchachos que habían sido filmados después de su arresto, en una camioneta. Dije entonces que la Policía necesita depurar a los psicópatas de sus filas si quiere que la ciudadanía la respete y vuelva a confiar en ella.
La tercera vez que he reaccionado horrorizada es con el video que mostró Nuria sobre el fusilamiento de cuatro jóvenes prófugos. Esta vez ya no tengo nada que aconsejar, excepto que se cambie al jefe de la policía, para que se vaya a disfrutar de su mansión en un campo de Puerto Plata, y tampoco eso me asegura que las cosas cambiarían, porque la Policía Nacional parece tragarse a todos los que pasan a dirigirla.
El problema es que muchos y muchas creen que asesinando al 50 por ciento de la población, es decir la población joven, negra, mulata y pobre, aseguran su seguridad ciudadana y esa posición, asi como el endurecimiento del Código Penal, es un pasaporte al desastre.
Así lo evidencia la joven abogada Amelia Conde, quien ha escrito, como tesis de graduación, una excelente evaluación sobre los efectos de las sanciones penales del régimen de los niños, niñas y adolescentes en la delincuencia juvenil de la República Dominicana.
Con el permiso de Amelia, iré desglosando no solo los datos que aporta, sino también su recopilación de los expertos y expertas internacionales sobre las posibles soluciones a las delincuencia juvenil y la opinión de los expertos y expertas nacionales, un gran aporte en este debate donde tanta gente opina sin documentarse y sin respetar la experiencia acumulada por quienes han dedicado su vida y profesión a la solución de este problema.
Amelia concluye su tesis con críticas específicas a las sanciones previstas en el régimen actual de menores, que implican una autocrítica nacional sobre la aplicación de las sanciones existentes y recomendaciones específicas que deben ser incorporadas al sistema.
De ello iremos hablando en próximos artículos, a ver si podemos contribuir a clarificar este debate y se ordena la casa.

