¡Ya es verano! le grita Damián a Alejandro-.
Pero como no tenemos tienda, tenemos que hacernos una.
Los dos hermanos se van a buscar tela plastificada para cubrir el suelo y formar el techo de la tienda, y palos de escoba para utilizarlos de estacas.
La casa queda patas arriba en pocos segundos: los niños valientes no retroceden ante nada para realizar sus proezas.
Se ponen unas ropas viejas y en poco tiempo terminan de montar la tienda.
De repente, ¡qué desastre! ¡Una tormenta!
¿Qué van a hacer ahora?
Primero, seguros de lo bien que han montado la tienda, se refugian en ella.
Pero en seguida se dan cuenta de que la tela del techo no es del todo impermeable.
¡Nos vamos a empapar! dice Damián-,
¡Volvamos a casa, deprisa!
¡Menos mal que su madre ha sido más previsora que ellos!
Los espera en casa con una toalla y chocolate caliente.
¡Habrá que intentar la acampada otro día.

