John Boehner, presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, será, en lo adelante, más valorado por el sector ultraconservador, porque figura como protagonista en un proceso que culminó con el aumento de la incidencia de la ultraderecha en el esquema político, garantizando que el peso de la crisis no recaiga sobre la oligarquía petrolera, saqueadora y armamentista.
Esta oligarquía constituye apenas el uno por ciento de la población, capta más de la cuarta parte del ingreso y controla más de la cuarta parte de la riqueza que produce la economía de ese país. Joseph Stiglitz destaca en varios artículos los privilegios que detenta ese grupo.
El presidente Barack Obama ha sido autorizado a manejar la deuda sin tener que presentar su administración como gestora de quiebra, pero se verá obligado no sólo a respetar el compromiso con el sector que le franqueó el camino a la Casa Blanca, sino también a privilegiarlo sobre sus pactos políticos con otros grupos entre los cuales se incluye el llamado Clan Clinton.
Algunos analistas tuvieron reservas en señalar la preeminencia de la ultraderecha a propósito del golpe de Estado en Honduras. Ese sector organizó y auspició el derrocamiento de un gobierno constitucional en junio del año 2009, y Obama, lejos de pedir cuentas a sus representantes, utilizó su condición de presidente para legalizar la acción.
La formación de un llamado comité bipartito que vigilará el cumplimiento del acuerdo de recortar el gasto público y trazará las pautas para los recortes en cada período fiscal, es otra manifestación de esa supremacía.
Queda claro que ese sector podría aceptar la permanencia de Obama en la Casa Blanca por otro período, pero a condición de que siga profundizando la aplicación del esquema neoliberal.
Obama está consciente de esa realidad, pero privilegia su carrera. Confirma con ello que no es agente de cambio, sino la figura utilizada por los sectores más retrógrados para consumar una sucia estafa política.

