Una propuesta de unidad en el Partido Revolucionario Dominicano [PRD] debe comenzar por entender que el PRD es la más grande agrupación política local.
En los medios de comunicación es donde este debate vive y cobra mayor intensidad. Seria inteligente y oportuno aprovechar sus aspectos positivos. La renovación y el choque de ideas es parte de la lógica política, sobre todo en un partido de multitudes, conformado y dirigido por representantes de los todos los estratos sociales, como lo es el PRD.
La palabra diversidad quiere decir variedad, diferencia, abundancia de cosas distintas. Nada más asociado al sentimiento de liberad que nos hemos ganado los dominicanos.
Es propicia la unidad en la diversidad de ideas e intereses. Siempre se ha dicho, con gran acierto, que este partido es lo que más se parece al pueblo dominicano.
El PRSC se mantuvo en el poder en medio de serias contradicciones que culminaron cuando agotó sus posibilidades. El PLD ha transitado en sentido contrario a la agrupación de Balaguer, negociando la unidad, echando a un lado principios e instrumentos doctrinales y organizacionales que le dieron origen, con un peculiar carácter monolítico. Transformación provechosa y comprensible en un partido de masas con vocación de poder.
Ocurre en grupos con posibilidades. La historia está plaga de ejemplos que sería ocioso referir ahora.
La tarea a ser acometida por las dirigencias del PRD es, por tanto, entrenarse en la resistencia y tolerancia.
A decir verdad, el presidente Leonel Fernández ha dado demostración de ser un buen maestro sorteando las confrontaciones. Miguel Vargas, por lo visto, superó una dura prueba, incrementando la votación perredeísta en las elecciones congresuales y municipales pasadas, frente a los embates de quienes cuestionan su gestión, llegando incluso a entorpecerla.

