Opinión

La vida postmoderna

La vida postmoderna

Elvis Valoy‏

El mundo de hoy es un amasijo de complicaciones, en donde a las personas se les hace difícil elegir entre el dilema de buena salud y ascenso social, pues la gente lucha a “brazo partido” o por mantener un estatus, o mejorar en la complicada estratificación clasista nuestra.

Salir a la calle cotidianamente ya de por sí representa un desafío a nuestro cuerpo humano, pues la cotidianidad sumerge, principalmente a las clases medias, a constantes peligros. Y es que el mismo confort por el que se trabaja a diario es capaz de generar un cuadro de insalubridad del cual no podemos escapar.

Desprendernos de las herramientas que nos garantizan mayor interacción resulta complicado, y como ejemplo está un acompañante consuetudinario, el teléfono celular. Este artefacto que cargamos arriba tiene niveles de radiactividad capaz de producir hasta tumores cerebrales. Pero, prescindir de él sería abandonar un instrumento que contiene inclusive nuestra vida personal.

La movilidad es igual de dañina. Andar en una yipeta de seis cilindros a gasolina es un gasto inaguantable para una persona empleada de cuello blanco, por lo que las posibilidades conllevan a otra de diésel o gasoil, máquina contaminante, generadora de gases por su muffler que pueden ocasionar graves problemas pulmonares.

Microondas, vasijas para cocinar, plásticos, envases foam, alimentos, y para quitarnos el gusto de la vida, ya ni podemos disfrutar de una caliente taza de café, pues son amenazas latentes en contra de la salud, que en el cotidiano vivir postmoderno nos condenan a mortíferas enfermedades.

Y para colmo, hasta cuando se cae enfermo la medicina de estos tiempos no deja opciones, recetándose esteroides, sin otra excusa de que la mejoría es inmediata, y cualquier otro sucedáneo más sano no daría el alivio rápido que se persigue.

El Nacional

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