Ciento setenta mujeres asesinadas en lo que va de año, es una cifra escalofriante. Otros hablan de que son más de 200 las mujeres que han muerto víctimas de la violencia machista que nos arropa.
En 2010, las cifras de feminicidios no fueron más alentadoras, fueron asesinadas 176 mujeres. En cinco años, sin incluir lo que va de 2011, unas 1,119 mujeres murieron a manos de exmaridos o exnovios. Estos datos de la Procuraduría General de la República, que define los asesinatos como íntimos y no íntimos indican que tenemos un serio problema.
Como dice el colectivo Mujer y Salud, se trata de una emergencia nacional.
Por suerte, autoridades, políticos, la sociedad civil, entidades comunitarias, religiosas, profesionales y de todo tipo han levantado su voz para llamarnos la atención.
La nuestra se ha convertido en una sociedad que no educa para la paz. Las escuelas, colegios, universidades, nadie parece haberse dado por enterado hasta que las cifras se han disparado.
Esa violencia se engendra en el hogar y continúa alimentándose en las escuelas, pues los estudiantes acuden a esos centros provistos de cuchillos, navajas, sevillanas, puñales y hasta con armas de fuego.
El blanco de sus agresiones no son sólo las muchachas que estudian con ellos, también lo es cualquier miembro de una pandilla rival. Mientras tanto, los profesores no pueden hacer nada. Ellos en sus casas enfrentan sus propios dramas, no e exentos de violencia.
Muchas de esas víctimas de maridos, ex maridos, novios o ex novios son prácticamente niñas que ante el drama familiar de pobreza han tenido que unirse a verdaderos malandrines.
Ellas también son víctimas de esa pobreza que no les ha permitido educarse para no tener que unirse a una pareja que las saque del propio drama familiar.
Es cierto que se requieren políticas de Estado, no sólo políticas proteccionistas, sino también aquellas dirigidas al desarrollo del ser humano. Mientras tanto, marchas, protestas, proclamas, seminarios y cónclaves no resolverán el problema si como ciudadanos no nos empoderamos todos y le brindamos la atención y le concedemos la importancia que el caso requiere.
